Las palabras que ha aprendido por la noche las pintará durante el
día sobre lienzos de algodón junto a la orilla del mar. Por la
tarde se borrarán con sus lágrimas al comprobar que no entiende
nada y que sus recuerdos se los llevan las olas hacia el abismo.
Luego regresará ella, como una suave brisa en mitad de la noche, y
aunque cansada de trabajar, le volverá a envolver de palabras
salpicadas de mil besos.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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22 de marzo de 2016
8 de diciembre de 2015
Madres REC(1/2)
Las besa con suma conciencia para no equivocarse, en la frente a su madre y en la boca a la rana. Después le grita al oído que tiene que empezar a aprender a convivir con el príncipe azul. Viendo que el beso no surge efecto esa noche libera a su madre en el estanque, junto a las demás.
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20 de abril de 2014
Trocitos de cielo (REC)
Y regresé al cielo como todas las noches. Esperé a que el señor de la puerta se despistara para poder colarme, aunque yo sabía que él siempre me dejaba pasar. Ya dentro busqué a mamá y le di un besito de buenas noches en la frente. Ella me sonrió y yo le devolví mi mejor sonrisa mellada. Después arranqué un trocito del lecho donde yacían todas las almas y salí corriendo. Cuando llegué al final de las nubes salté y esperé a que el hombre de la cara naranja me cogiera de la mano y me llevara de vuelta al infierno.
11 de abril de 2013
Maleducado (REC)
-¡Y tú para de leerme la mente, maleducado, y hazme lo que quieras! – me dijo ella mientras se tumbaba en cruz sobre la hierba. No sabía lo que pretendía. La miré absorto, quizás preocupado. Le hice cosquillas en las rodillas, en los sobacos... incluso en la barriga. Ella insistía: “¡Hazme lo que quieras!”. Le puse varios escarabajos en el pelo y un caracol sobre su cuello. “¡Hazme lo que quieras!”. Le metí la mano en el bolsillo y le quité un chicle; lo mastiqué y se lo puse en la frente. “¡Hazme lo que quieras!”. Entonces, exasperado, la besé en la boca. Y ella me dio una bofetada.
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