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15 de septiembre de 2014

Nuevo plan de ataque para conquistar a la princesa del 9º (REC 2/2 FINALISTA)

Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz me dibujé para conquistar a la princesa que vivía en el 9º. Subí decidido a declararle mi amor. Pero al verme dijo que me faltaba un sombrero, de esos de copa. Bajé al 4º. Allí vivía un sombrerero. Pregunté por un sombrero de copa, el más elegante. Costaba 5 monedas de oro. Subí al 15º. Un enano de la suerte con una olla repleta de oro me abrió. Necesitaba una varita de hada que vivía en el 33º y no me la daría sin un beso de la princesa. Regresé a la alcantarilla y diseñé un nuevo plan.

10 de mayo de 2012

Cruzando el charco (REC)

Ese maravilloso viaje que le habían prometido a Disney World, por fin se haría realidad. Cuando bajó corriendo y descalza las escaleras para abrir la puerta... vio esperándola un espectacular carruaje, como el de cenicienta;  quizás mejor. Dentro encontró unos zapatitos de cristal, de su talla. Se los calzó, y, como por arte de magia, se vio envuelta en un hermoso vestido. Cuando se detuvo y bajó del carruaje, unas hadas la ayudaron a subir a una barquita que le esperaba en el muelle. Cuando sobrepasaron los nenúfares, el barquero le pidió una moneda. Ella le dijo que no tenía dinero. Entonces el barqueo rió. Rió... eternamente.

18 de enero de 2012

Soñar con...

 
Soñé que un hada me susurraba al oído todos los secretos del universo. Mientras, otros seres tocaban una melodía, que aunque sólo tenía una nota continua, era la más hermosa que había escuchado. Ahora recuerdo otro sueño en el que también ¿la cantaban?, pero no sonaba tan bien, pues en este sueño estaba el hada, que no podía ver, sin parar de susurrarme sus secretos.
En los instantes antes de despertar, justo en esa franja donde uno es consciente de sus sueños y de la realidad al mismo tiempo, empecé a asimilar todo lo que el hada me había contado:
Todo está construido de la misma “materia”, tanto energía, átomos, sentimientos, sensaciones, recuerdos, pensamientos, luz, oscuridad, todo, nada, lo que hay entre todo y la nada, tiempo, espacio, yo, tú, el hada, la música, la existencia, mi existencia… Y lo más curioso de todo es que formamos parte de esa “materia” o mejor dicho, somos esa “materia”, pues está todo conectado. Somos lo que queremos que seamos. No hay ni paz ni odio, ni dios ni creación. El hecho de no existir es ya existir.
Todo empezó a tomar sentido y me vi inmerso en un todo indescriptible en el que yo lo era todo y a la vez nada. Esa conexión que hay es el verdadero sentido de la vida. No me tengo que preocupar de mi muerte, porque no existe, ni de la vida porque tampoco existe, ni siquiera de los sueños, porque en realidad son la misma cosa. Tomé parte de todo el universo, aunque en realidad yo era el universo…
Justo cuando empecé a sonreír, tumbado en mi cama, el hada desapareció, y la melodía dejó de sonar. Estuve varios segundos sonriendo, y cuando abrí los ojos, todos los secretos que me había revelado el hada, desaparecieron. Sólo me quedé con una cosa, con la sensación de que la vida es menos compleja de lo que nos hacen creer, del resto… no me acuerdo.
 
Relato de un sueño para el blog de quejica:
 
 
 

16 de enero de 2012

Regreso a la infancia verdadera.


-Pide un deseo –escuchó el niño que estaba acurrucado en una esquina de una habitación de una casa en ruinas. Apenas reaccionó. Tenía la mirada perdida en sus recuerdos.
-Pide un deseo –volvió a escuchar. Levantó su cabecita despeinada; y cuando reconoció la voz… se incorporó de un brinco.
-¿Eres tú, Hada Madrina? -preguntó el niño al aire mientras apretujaba su sombrerito amarillo.
-Sí, soy yo. Pide un deseo.
Él se acordó de la primera vez que escuchó aquella voz para que su deseo se cumpliese. Fue hace unos trescientos años, cuando se transformó en un niño verdadero. Recordó a Pepito, su mejor primer amigo, que creció y… murió. Recordó también a los hijos, nietos, bisnietos de Pepito… pero siempre crecían y se cansaban de jugar con él.
El niño cerró los ojos y formuló con todas sus fuerzas un deseo. El Hada agitó la varita, y cuando iba a concedérselo… el niño la detuvo. Se subió a una mesa donde había viejas marionetas carcomidas, y se sentó al lado de una hermosa bailarina. Entonces indicó al Hada, con una gran sonrisa, que ya podía tocarle con la varita. Fue cuando él volvió a convertirse en una marioneta de madera.

(Lástima que no se publicara entero a la hora de poner las votaciones, pues ganó en las votaciones entre los seleccionados...)

Nueva valoración del jurado tras enmendar el error, aunque me hubiera gustado ganar la votación popular :D
Es un relato tierno, que nos devuelve a la infancia a todos. Que el niño tenga más de trescientos años, aunque sea inverosímil, nos hace pensar que la fantasía y los cuentos son eternos.
Con estos parámetros me veo en la obligación (agradable) de empatar este relato con el de El sueño deshabitado.