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20 de julio de 2026

La siega del deseo.







Estás en casa de la bruja de la colina. Hechizado, miras sus ojos tras una verruga.
—Dos pelos.
—Toma.
—Tu oreja.
La cortas con su daga como si fuera mantequilla.
—Un ojo, dos dedos, un pie y algo más.
Le das todo y once o doce dientes.
Lo ves mezclarse con el éter.
—El caldero sabe. Toma un trago. Di tu deseo y se cumplirá.
No puedes hablar, le has dado también tu lengua y parte del cerebro. Bebes. Te conviertes en nada. Una nada que recuerda cuando mataste a tu hermana pequeña. Tu deseo.

18 de diciembre de 2014

Deseos y más deseos. (ENTC)

(ilustración: Miguel Ángel Cejudo)

Mi participación en ENTC: Tras las campanadas de año nuevo

Aquél orgasmo marcó el inicio de nuestras nuevas vidas. Teníamos nuestras dudas si había sido el mejor del año pasado o sería el mejor del año nuevo. La última campanada hizo que nuestros cuerpos se fundieran en algo que nunca habíamos experimentado antes.

Nos íbamos pasando las uvas, ya a deshora, de boca en boca, mientras intentábamos mejorar lo ocurrido escasos minutos atrás. A cada uva un deseo, a cada deseo un movimiento de cadera, a cada movimiento de cadera un “te quiero”. Nos comimos varios racimos de uvas. Después descorchamos  un par de botellas de cava, y a cada sorbo un deseo, a cada deseo un beso.

Ya al alba nos tumbamos, exhaustos,  en la cama mirándonos a los ojos, y a cada parpadeo una sonrisa, a cada sonrisa un deseo... Y nos dormimos; y soñamos que estábamos en un mundo del que nunca despertaríamos, en el que todos los deseos que habíamos pedido se habían cumplido. 

Pero despertamos, de un sueño, de otra realidad. Y aunque nuestros labios todavía sabían a nosotros,  tú no eras la chica que estaba a mi lado y yo no era el chico que estaba a tu lado. 

16 de enero de 2012

Regreso a la infancia verdadera.


-Pide un deseo –escuchó el niño que estaba acurrucado en una esquina de una habitación de una casa en ruinas. Apenas reaccionó. Tenía la mirada perdida en sus recuerdos.
-Pide un deseo –volvió a escuchar. Levantó su cabecita despeinada; y cuando reconoció la voz… se incorporó de un brinco.
-¿Eres tú, Hada Madrina? -preguntó el niño al aire mientras apretujaba su sombrerito amarillo.
-Sí, soy yo. Pide un deseo.
Él se acordó de la primera vez que escuchó aquella voz para que su deseo se cumpliese. Fue hace unos trescientos años, cuando se transformó en un niño verdadero. Recordó a Pepito, su mejor primer amigo, que creció y… murió. Recordó también a los hijos, nietos, bisnietos de Pepito… pero siempre crecían y se cansaban de jugar con él.
El niño cerró los ojos y formuló con todas sus fuerzas un deseo. El Hada agitó la varita, y cuando iba a concedérselo… el niño la detuvo. Se subió a una mesa donde había viejas marionetas carcomidas, y se sentó al lado de una hermosa bailarina. Entonces indicó al Hada, con una gran sonrisa, que ya podía tocarle con la varita. Fue cuando él volvió a convertirse en una marioneta de madera.

(Lástima que no se publicara entero a la hora de poner las votaciones, pues ganó en las votaciones entre los seleccionados...)

Nueva valoración del jurado tras enmendar el error, aunque me hubiera gustado ganar la votación popular :D
Es un relato tierno, que nos devuelve a la infancia a todos. Que el niño tenga más de trescientos años, aunque sea inverosímil, nos hace pensar que la fantasía y los cuentos son eternos.
Con estos parámetros me veo en la obligación (agradable) de empatar este relato con el de El sueño deshabitado.