Al no encontrar la salida del laberinto decidí volver hacia atrás sobre mis pasos. Salí por la entrada. Subí al coche y conduje marcha atrás hasta casa. Borré las palabras de despedida que había escrito. Abrí la habitación de mi hijo y le saqué la bala de la cabeza. Retrocedí por el pasillo y saqué también a mi mujer dos balas. Le quité mi mano de su cara una y otra vez hasta que la dejé marchar. No sabía donde parar y tomar otra dirección, por lo que me dejé ir atrás aún más allá. Llené cientos de botellas de alcohol. Volví a sacar todo mi dinero de los casinos. Quité el anillo de casado con un sí quiero. Volví a mi país de origen. Regresé al colegio. Me metieron en el vientre de mi madre. Y allí, tranquilo, tras varios meses meditando, decidí no nacer.
