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16 de abril de 2024

Malas compañías (REC)

 

Me preguntaba en qué momento se había complicado tanto ser poeta. Los ruiseñores dejaron de cantar y las palabras, mudas por instantes, sonaban entorpeciendo el silencio. El mar, sin sal, se colaba por las grietas del tejado de las sirenas. Los versos ya no pesaban y las líneas del pentagrama no soportaban las notas musicales. Todo era un caos sin sentido. Tus ojos enmudecieron para siempre y las musas empezaron a cobrarme.


7 de febrero de 2012

Fuente de inspiración agotada.

-¡Despierta... despierta! –Gritaba la joven escritora mientras agitaba enérgicamente la cajita de cristal -.Necesito de tu inspiración. ¡Levántate!; eres mi musa, lo sabes; no puedes dejarme a medio, mi tiempo se acaba.
La joven siguió zarandeando la cajita durante horas; apenas consiguió un leve balanceo del columpio en donde dormitaba su musa. Dándose por vencida se tumbó en su hamaca agarrando, con los brazos en alto, su caja de la inspiración, observando como unas cortinillas violetas iban cubriéndola. Entonces, al tiempo que veía caer de la mano de su musa una cajita azul, le pareció escuchar una voz que decía algo sobre un reloj. El suelo comenzó a vibrar y fue cuando se dio cuenta que el reloj violeta de su cajita se había parado. -¡Despierta mi musa! Tienes que darle cuerda a tu reloj... o todo habrá acabado. ¡Despierta por favor!
Todo esfuerzo resultó en vano. La joven dejó caer su cajita violeta al suelo. Miró por un instante a su reloj de arena verde, le faltaba poco. No quiso darle la vuelta, y cuando cayó el último granito de arena, unas cortinas verdes empezaron a cerrar su habitáculo.