Poco antes de que los domingos
fueran amargos escuchaba por teléfono su dulce voz todas las
semanas a la misma hora: “Hola papá. Te quiero mucho. Adiós papá”
Ahora el silencio que no lo rompe ni la cucharilla removiendo el
azúcar de una taza de gélido café, invade toda la sala que rodea
al teléfono. Miro su fotografía y me pregunto si realmente mereció
la pena irme a trabajar fuera durante un año. Descuelgo el teléfono
y vuelvo a escuchar su último mensaje: “Hola papá. Te quiero
mucho. Adiós papá”
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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11 de octubre de 2016
Dulce voz (REC)
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