Poco antes de que los domingos
fueran amargos escuchaba por teléfono su dulce voz todas las
semanas a la misma hora: “Hola papá. Te quiero mucho. Adiós papá”
Ahora el silencio que no lo rompe ni la cucharilla removiendo el
azúcar de una taza de gélido café, invade toda la sala que rodea
al teléfono. Miro su fotografía y me pregunto si realmente mereció
la pena irme a trabajar fuera durante un año. Descuelgo el teléfono
y vuelvo a escuchar su último mensaje: “Hola papá. Te quiero
mucho. Adiós papá”
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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11 de octubre de 2016
Dulce voz (REC)
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24 de noviembre de 2015
Amor sin confesión (REC)
Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Luego van al bar. Él se queda en la barra; ella se sienta al fondo, en una mesa de cuatro. Café solo y periódico para él; café con leche y gafas de sol para ella. Después ponen rumbo a la iglesia. Ella entra por un lateral; él por la sacristía. Ella no comulga, se siente pecadora, piensa en su marido que pronto llegará a casa después de un largo viaje de trabajo; a él no le queda más remedio, todos sus feligreses rezan junto a él.
13 de enero de 2015
El despertar (REC)
Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd; alguien había profanado mi descanso eterno. Pero nadie respondió. Quizás una ráfaga de viento la había arrancado de cuajo. Me incorporé y vi que todo era desolación. No había nada. Era como estar navegando por una página en blanco. Incluso el ataúd había desaparecido. Todo era luz, sin materia, sin energía. Todo parecía envolver mis pensamientos. Entonces empecé a pensar en algo que pronto se materializó ante mis narices: una taza de café. Y luego todo se comprimió; y estalló. Y se formó un nuevo universo. Un universo compuesto por café, por tazas y cucharillas que hacían girar mi existencia.
9 de septiembre de 2011
Aunque no me escuches.
La noche es una estrella en tu cucharilla que se va disolviendo en el café frio mientras intentas no pensar que ayer fuimos uno. No hieles la noche con más lágrimas. Piensa que la hija que acabo de concebir, y que te traen las enfermeras, es un trocito de algodón dulce que le he robado al cielo. Cuando crezca dile que sé que es un sol en el brillo de tus ojos.
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