Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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26 de septiembre de 2013
25 de febrero de 2013
Cita a ciegas
Ilustración de Laura Garrido
Podéis visitar su blog de ilustraciones(De mis bocetos y los vuestros)
y
otro de relatos(De mis palabras y las vuestras)
20 de junio de 2012
Derrochando imaginación
Pensando únicamente en una de ellas me será más fácil elegir. Hasta el momento sé que la pastilla azul me dará la vida, y la roja me quitará la muerte. El ser que me las ofreció se ha marchado. No sé el tiempo que ha transcurrido desde la última vez que lo vi, aquí no existe, y me atrevería a decir que el espacio tampoco. Me entra la dichosa zozobra y no puedo evitar el tragar las dos capsulas. Pienso que así podré nacer y vivir eternamente. Todo lo blanco o negro que había a mi alrededor desaparece, y, otro ser, distinto al anterior, mete su apéndice en mi interior sacando una de las pastillas. No sé cuál ha dejado dentro de mí. Mi aliento se desmorona. Nunca lo sabré; desconozco cómo es la vida o la muerte. Escucho una voz en mi interior que me susurra: “En el mundo de la imaginación todo es posible”. Entonces me imagino a mi mismo en dos situaciones distintas, una con la pastilla roja dentro, y otra con la azul. Esto hace que me desdoble. Ahora soy dos; pero sigo sin saber cual tengo dentro. Una espiral se dibuja en lo alto y absorbe a mi otro yo. Lo agarro con fuerza, pero es muy fuerte. Al final, otra espiral, que sale de abajo, me engulle a mí también. Todo desaparece, menos la pastilla, que flota, en la nada. Es la de color verde… lo temía; nunca me lo hubiera imaginado.
11 de junio de 2012
último tren
Me pongo a pensar en lo que ha sido mi vida hasta ahora, y veo que los veinte años en los que he estado trabajando en la misma empresa no son nada, como si no hubieran existido. Llevo cuatro años en paro, cuatro eternos años en los que he perdido a mi mujer, mi casa… todo. Sólo me queda esta maleta; llevo algunos recuerdos y un poco de ropa vieja. He dejado pasar cuatro trenes. Éste, el último, que acaba de llegar, no puedo dejarlo marchar. Subo mi maleta y espero el silbato, para verla marchar.
7 de enero de 2012
¿Otra partida?
Por fin caí en la casilla de la muerte del largo y difícil juego de la vida. Ahora sólo me toca vivir, en persona, todo aquello que la suerte de los dados me ha destinado.
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