-Sí, cariño –respondió ella con lágrimas en los ojos. -¿De verdad me quieres tanto como para esto?
-Daría mi vida entera por ti. Ya sabes: en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe.
Tras un largo silencio se escucha un pitido del tren.
-Ana, tenías toda la razón del mundo… tuve que traer las mantas; hace un poco de fresco.
-No te preocupes por las mantas ahora, ya se ocuparan de ello… y dime que me quieres.
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