El gran simio, Ansgor, alzó los brazos al aire para clamar silencio. Todos callaron al unísono menos un grupo de jóvenes que chillaban descontrolados dando volteretas en la arena. Ansgor rugió y saltó sobre ellos para hacerlos callar. Una vez impuesto el silencio, todos se sentaron y esperaron a Jumo. El simio chamán salió de entre los matorrales portando un gato negro bajo el brazo. Avanzó lentamente hacia el centro del grupo; andando a dos patas; apoyándose en el suelo con los nudillos de la otra mano. Puso el gato encima del pedestal y se retiró mezclándose con los demás. El gato abrió los ojos y la selva enmudeció. Sus ojos empezaron a tornarse azules, y una imagen brotó de ellos, formando en el aire un ruiseñor azul. Todos los simios empezaron a aullar y a mover los brazos enérgicamente. Fue al empezar a cantar el ruiseñor azul cuando Malca, la madre del hijo deforme que sería sacrificado, puso al lado del ruiseñor el bebé rosado y sin pelo. En el aire empezaron a revolotear cientos de buitres esperando que el ruiseñor cambiase de cantico para devorar al simio defectuoso. De repente, divisaron a lo lejos una pareja erguida de primates blancos portando un leopardo. El felino empezó a proyectar por sus ojos imágenes de fuego. La manada rompió a chillar y huyeron despavoridos del lugar. El bebé comenzó a llorar y un enorme ave Fénix lo recogió entre sus garras, llevándoselo hacia el territorio de los simios mutados.
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