7 de septiembre de 2011

Evolución.

El gran simio, Ansgor, alzó los brazos al aire para clamar silencio. Todos callaron al unísono  menos un grupo de jóvenes que chillaban descontrolados dando volteretas en la arena. Ansgor rugió y saltó sobre ellos para hacerlos callar. Una vez impuesto el silencio, todos se sentaron y esperaron a Jumo. El simio chamán salió de entre los matorrales portando un gato negro bajo el brazo. Avanzó lentamente hacia el centro del grupo; andando a dos patas; apoyándose en el suelo con los nudillos de la otra mano. Puso el gato encima del pedestal y se retiró mezclándose con los demás. El gato abrió los ojos y la selva enmudeció. Sus ojos empezaron a tornarse azules, y una imagen brotó de ellos, formando en el aire un ruiseñor azul. Todos los simios empezaron a aullar y a mover los brazos enérgicamente. Fue al empezar a cantar el ruiseñor azul cuando Malca, la madre del hijo deforme que sería sacrificado, puso al lado del ruiseñor el bebé rosado y sin pelo. En el aire empezaron a revolotear cientos de buitres esperando que el ruiseñor cambiase de cantico para devorar al simio defectuoso. De repente, divisaron a lo lejos una pareja erguida de primates blancos portando un leopardo. El felino empezó a proyectar por sus ojos imágenes de fuego. La manada rompió a chillar y huyeron despavoridos del lugar. El bebé comenzó a llorar y un enorme ave Fénix lo recogió entre sus garras, llevándoselo hacia el territorio de los simios mutados.

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