La actuación de hoy había sido todo un éxito. No había dejado en ningún momento de pensar en ella. Cuando tuve que reír... pensé en su sonrisa; cuando tuve que llorar...pensé en los momentos sin ella; cuando tuve que hacer el patoso... pensé en cómo iba a entregarle hoy, hecho un manojo de nerviosos, mi carta de amor.
Entré en el camerino y cerré la puerta con llave; no quería que nadie me molestara. Cogí la cajita de música y la abrí dándole cuerda. Apareció sonriendo ella de su interior; toda vestida de blanco, con su tutú y sus zapatillas de ballet; la acompañaban dulces melodías que parecían canticos de sirenas. Le dije que había escrito una carta para ella, y que se la leería cuando me pusiera guapo. Me senté delante del espejo quitándome la peluca y la nariz roja; cogí unos algodones del interior de la caja de música y limpié despacio el maquillaje de mi cara. Los algodones olían a ella. Poco a poco fue apareciendo en el espejo un rostro nuevo.
Cuando terminé de mudarme de ropa fui hacia la puerta, pero estaba cerrada. Di media vuelta y metí la mano en el gran bolsillo del pantalón del payaso. En el fondo encontré un sobre que tenía dentro una llave atada, con un lazo blanco, a una carta. Mientras la desataba, la caja de música cesó de sonar. Miré por encima la carta y la arrojé a la papelera, prendiéndole fuego.
Entré en el camerino y cerré la puerta con llave; no quería que nadie me molestara. Cogí la cajita de música y la abrí dándole cuerda. Apareció sonriendo ella de su interior; toda vestida de blanco, con su tutú y sus zapatillas de ballet; la acompañaban dulces melodías que parecían canticos de sirenas. Le dije que había escrito una carta para ella, y que se la leería cuando me pusiera guapo. Me senté delante del espejo quitándome la peluca y la nariz roja; cogí unos algodones del interior de la caja de música y limpié despacio el maquillaje de mi cara. Los algodones olían a ella. Poco a poco fue apareciendo en el espejo un rostro nuevo.
Cuando terminé de mudarme de ropa fui hacia la puerta, pero estaba cerrada. Di media vuelta y metí la mano en el gran bolsillo del pantalón del payaso. En el fondo encontré un sobre que tenía dentro una llave atada, con un lazo blanco, a una carta. Mientras la desataba, la caja de música cesó de sonar. Miré por encima la carta y la arrojé a la papelera, prendiéndole fuego.
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