-Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado –dijo él mientras entraban en la finca con el coche.
-Me dan miedo las estrellas –dijo la niña poniendo morritos y cruzándose de brazos en el asiento trasero.
-¿Sabes...? Tendrás una habitación bien grande para ti sola -indicó el hombre mientras bajaban por el garaje de la casa.
-Me da miedo la oscuridad –reprochó ella.
-Si quieres podrás tener un gato; lo digo por si hubieran ratoncitos y te dieran miedo.
-¡No...! Me dan miedo los gatitos.
-¡Niña! ¿A ti que no te da miedo?
-Tú.
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