14 de noviembre de 2011

La medalla que me llevó al cielo.

Tenía la medalla al alcance de la mano. Un rayo de sol penetró en la habitación e incidió sobre ella. Estaba situada en lo alto del armario, entre los demás trofeos. Eché un breve vistazo en lo que había convertido mi vida desde ese primer oro ganado honradamente: drogas, alcohol, chantajes, compraventa de anabolizantes... Vi entonces en ella una chispa de esperanza que podría sacarme de aquella profunda depresión. Tenía que aferrarme a esa medalla como fuese. Estiré todo lo que pude mis dedos; pero al cogerla, la silla que tenía bajo mis pies cedió.

1 comentario:

  1. Se hizo astillas, alguna me arañó las piernas. Después de poner tiritas en las heridas, recogí los restos de la silla. Bajo una tablilla del asiento apareció algo unido con tela y un fuerte pegamenteo. Nunca he mirado bajo esta silla de mis abuelos. ¡Caramba! una moneda de oro, de oro auténtico, no como el de la medalla que trataba de alcanzar.

    ResponderEliminar