3 de noviembre de 2011

Regresar a la infancia.


Como tantas veces había hecho de niño me acerqué al quiosco del parque. Apoyé mis brazos en el mostrador de chapa y empecé a hurgar mis bolsillos en busca de alguna moneda. Mientras tanto miraba las montañas de gusanitos, los rascacielos de chicles, los nidos de serpientes de regaliz... Mi boca comenzó a babear cuando vi al lado de las golosinas de cola unos sobres sorpresa de soldados, los necesitaría para terminar la misión. El quiosquero, impaciente, me echó; espantaba a los niños. Me até la cuerda que llevaba a modo de cinturón y marché arrastrando los pies. Tenía que recuperar la máquina del tiempo y regresar.

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