5 de enero de 2012

Los otros.

La última alma humana que vino a visitarme hace días, iba buscando algo de caridad. Le ofrecí un mendrugo de pan duro y un cuenco con agua tibia. Pude ver en sus ojos cansados, que aquello  no era suficiente. Apenas quedan ya unas pocas. Las veo a través de mi ventana, vagando por las sucias calles, con ansias de alimentarse; y aun así, en cierto modo, envidio sus insignificantes vidas. Intento recordar cuando yo tenía alma… ¿qué cosas la nutrían? Tal vez los que vendimos… estábamos equivocados.

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