-Pide un deseo –volvió a escuchar. Levantó su cabecita despeinada; y cuando reconoció la voz… se incorporó de un brinco.
-¿Eres tú, Hada Madrina? -preguntó el niño al aire mientras apretujaba su sombrerito amarillo.
-Sí, soy yo. Pide un deseo.
Él se acordó de la primera vez que escuchó aquella voz para que su deseo se cumpliese. Fue hace unos trescientos años, cuando se transformó en un niño verdadero. Recordó a Pepito, su mejor primer amigo, que creció y… murió. Recordó también a los hijos, nietos, bisnietos de Pepito… pero siempre crecían y se cansaban de jugar con él.
El niño cerró los ojos y formuló con todas sus fuerzas un deseo. El Hada agitó la varita, y cuando iba a concedérselo… el niño la detuvo. Se subió a una mesa donde había viejas marionetas carcomidas, y se sentó al lado de una hermosa bailarina. Entonces indicó al Hada, con una gran sonrisa, que ya podía tocarle con la varita. Fue cuando él volvió a convertirse en una marioneta de madera.
(Lástima que no se publicara entero a la hora de poner las votaciones, pues ganó en las votaciones entre los seleccionados...)
Nueva valoración del jurado tras enmendar el error, aunque me hubiera gustado ganar la votación popular :D
Es un relato tierno, que nos devuelve a la infancia a todos. Que el niño tenga más de trescientos años, aunque sea inverosímil, nos hace pensar que la fantasía y los cuentos son eternos.
Con estos parámetros me veo en la obligación (agradable) de empatar este relato con el de El sueño deshabitado.
Muy bonito, porque a veces la vida eterna no es lo mejor sin las personas que la hacen especial.
ResponderEliminarBesos!
Quejica
Gracias Quejica. A veces también hay que tener cuidado con lo que uno realmente desea.
ResponderEliminarBesos
Henry, voté este micro porque me gustó muchísimo. Sí fue una pena el error, pero creo que te mereces un aplauso bien merecido.
ResponderEliminarUn abrazo
Gracias por tu voto, ya lo vi en las votaciones :D Y gracias por el aplauso.
EliminarUn beso.