Aquella mañana, encontré a la muerte en la carretera. Estaba sola, haciendo autostop. Paré. Sin mediar palabra subió al coche, al asiento trasero. Moví el espejo retrovisor, la miré a los ojos. Reanudé la marcha. A los pocos metros vi un coche en la cuneta, humeante. Un brazo sanguinolento salía por la luna trasera. Pensaba parar, pero la muerte agarró mi hombro, ya estaba todo hecho. Tuve envidia del cuerpo sin vida que dejábamos tirado; el propósito de mi viaje era encontrar la muerte en aquella carretera; abandonar mi coche, mi vida... en el desierto. Paramos en una vieja gasolinera. Ella bajó a por unas botellas de whisky. Conocía mis gustos, me conocía bien. Cuando pasamos por una zona de curvas, entre risas, le pregunté por la niña de la curva: ¿Quién era? ¿Cómo fue creada?... Al mirar por el espejo retrovisor... lo comprendí todo. Por eso cuando vuelvas a mirar, ¡tú!, por el espejo, también lo comprenderás.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
2 de junio de 2012
Espejismo.
Aquella mañana, encontré a la muerte en la carretera. Estaba sola, haciendo autostop. Paré. Sin mediar palabra subió al coche, al asiento trasero. Moví el espejo retrovisor, la miré a los ojos. Reanudé la marcha. A los pocos metros vi un coche en la cuneta, humeante. Un brazo sanguinolento salía por la luna trasera. Pensaba parar, pero la muerte agarró mi hombro, ya estaba todo hecho. Tuve envidia del cuerpo sin vida que dejábamos tirado; el propósito de mi viaje era encontrar la muerte en aquella carretera; abandonar mi coche, mi vida... en el desierto. Paramos en una vieja gasolinera. Ella bajó a por unas botellas de whisky. Conocía mis gustos, me conocía bien. Cuando pasamos por una zona de curvas, entre risas, le pregunté por la niña de la curva: ¿Quién era? ¿Cómo fue creada?... Al mirar por el espejo retrovisor... lo comprendí todo. Por eso cuando vuelvas a mirar, ¡tú!, por el espejo, también lo comprenderás.
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¿Participaste en ArtGerust? ...no te ví, y mira que miré a ver si conocía a alguien. La temática de la carretera daba mucho juego y creo que muchos enganchamos la muerte como compañera de viaje.
ResponderEliminarCasi que prefiero no mirar por el retrovisor, me da miedo lo que pueda encontrarme. ;)
Me gusta Henry ¿conseguiste estar seleccionado?.
Un abrazo de Laura.
Hola,
Eliminaresta vez no fui seleccionado :| igual por mezclar con el tema de la edición anterior...
Besos
Me encantó Henry, estupendo tu relato, casi me pones el vello de punta, jaja. Uf, con lo miedosa que soy ya no sé si seré capaz de mirar por el retrovisor...
ResponderEliminarBesos,
Hola,
Eliminarsi casi te los puso... no logré hacerlo del todo bien :D La proxima se pondrán tan de punta que escaparán de tu cuerpo JAJAJAJA.
Es broma :D
Besos
A veces, la muerte no hace lo que esperamos de ella. Cuando queremos que conduzca nuestro coche, va y conduce el que menos te esperas, y ... vuelvemos a casa vivitos hasta la próxima; cuando sea ella la que nos elija.
ResponderEliminarSaludos, Henry.
Tienes razón, es ella la que nos elije, por más que nos empeñemos en pensar que no. A veces te llama tan fuerte...
EliminarUn saludo y bienvenida a la libreta de garbancito.
Excelente vuelta de tuerca a la leyenda urbana de la chica de la curva. Un abrazo
ResponderEliminarGracias Mar.
EliminarEn donde vivo, en la carretera que da acceso al pueblo, hay una niña en cada curva. Esta, la del relato, es la del origen de todas ellas :D
Besos
Qué escalofriante Henry, me ha gustado mucho. Biquiños!
ResponderEliminarDa miedo pensar que la muerte pueda estar conduciendo nuestro coche y nos lleve a sitios terroríficos.
EliminarBesos