13 de febrero de 2012

Princesa.

Una lágrima que recorre el fino rostro de porcelana aparece cuando se quita la goma que aprieta su brazo. Deja la jeringuilla colgada de la frágil vena al tiempo que un placentero cosquilleo invade su cuerpo. Una gota de sangre brota de su rígido brazo cuando la jeringa cae por efecto de la gravedad. Ella unta su dedo corazón con la sangre y se lo lleva a sus carnosos labios, saboreando así un poquito más la droga mezclada con su sangre azul. Sus piernas flojean, y ella desliza su etéreo cuerpo desnudo por la pared hasta conseguir sentarse en el suelo. Desde tierra puede ver a su príncipe azul abandonando sus aposentos. Coge un trocito de espejo roto que tiene bajo sus nalgas; mira su rostro marcado por el rímel corrido. Le parece ver a la más hermosa del reino. Cierra los ojos. Sonríe. Por fin se convierte en la ansiada princesa del cuento... de su propio cuento.

6 comentarios:

  1. Qué triste, y sobre todo, este texto no es apto para quien se desmaye sólo de imaginar sangre. Me ha gustado mucho!

    Besos!
    Quejica

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    1. Si, la verdad es que es muy triste. A saber las princesas que hay en el mundo...

      Besos

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  2. Un relato muy triste y un buen intento para Triple C.
    Besos desde el aire

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    1. Gracias Rosa. Me quedé casi en las puertas de estar finalista.

      Besos

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  3. Yo conocí a una princesa de estas, y daba mucha penita. Por suerte abandonó su reino. Muy bueno y duro.

    Saludos

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    1. Me alegro que abandonara su renino.
      Hay muchas que ni desterrandolas abandonan.

      Un saludo

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