4 de junio de 2012

Hambruna universal

No trabajó ni la mitad que la noche anterior y llegó a casa derrotado, como últimamente, sin nada que traer para comer. Le esperaban en la mesa de la cocina para desayunar juntos, pero era fin de mes y no había nada que llevarse a la boca. Abrió la alforja y vació “la nada” que llevaba dentro. Pensó, mientras miraba a su pequeño, cómo explicarle que ni hoy, y, quizás mañana, tampoco comerían; cómo explicarle lo dura que podía llegar a ser la vida. Empezó el bebé a llorar desesperado, angustiado, hambriento... La madre le susurró una nana a la oreja para que no llorase; que pronto pasaría el hambre. El hermano mayor, nervioso, como si estuviera arrepentido de algo, sacó del bolsillo un mendrugo de pan duro y se lo dio a su hermanito diciéndole que la vida era muy dura, como el trozo de pan que le había dado; que tenía que acostumbrarse. Éste empezó a chuparlo y chuparlo; y, con su diente, su único diente, a roerlo y roerlo. Entonces sonrió y parpadeó dos veces con su ojo, su único gran ojo. La familia sonrió al verlo tan feliz, y no dudaron en reír abiertamente, enseñando todos su diente, su único y afilado gran diente.

4 comentarios:

  1. El amor, siempre el amor,... y gracias al amor.
    Muy tierno dentro de la desesperación. Unos personajes "diferentes" con reacciones humanas. Aunque hoy, los que nos estamos deshumanizando somos los humanos... No me extraña que hayas elegido unos personajes fantásticos para tu micro.
    Resulta sorprendente ese roer y roer: muy plástico.
    El tono optimista, bondadoso, casi feliz dentro que tanta penuria.
    Un relato educativo.

    Me ha gustado mucho.

    Un abrazo, Henry.

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    1. Gracias Petra.
      Si, tiene la ternura de ver lo feliz que es un niño chupando y mordiendo un trozo de pan duro. ¿A quién no se le pone la cara de tonto al ver a un niño así? He querido poner otros personajes para reflejar que el hambre es para todos igual, y es lo único por lo que realmente luchamos.

      Un saludo.

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  2. Qué bonito el amor de hermanos, pero qué duro tu relato Henry, biquiños!

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    1. Si, el hambre puede hacer perder la cabeza a muchos; en está extraña familia parece ser que de momento no.

      Besos

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