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9 de diciembre de 2015

Muñecas (REC 2/2)

Las besa con suma conciencia para no equivocarse. La que le regaló su madre, la de trapo, en las trenzas rojas; la de porcelana que le compró su abuela para la comunión, en sus frías y sonrosadas mejillas; la sirenita que le trajo su hermano mayor cuando regresó de la guerra , en la dorada cola escamada; la que no tiene ojos y está llena de mugre, que le dio su padre un día que lo vio escondido tras los contenedores de basura, en su corazón. Aún conserva el recuerdo  del último día que su padre estuvo en casa, el día que murió de un infarto.

4 de junio de 2012

Hambruna universal

No trabajó ni la mitad que la noche anterior y llegó a casa derrotado, como últimamente, sin nada que traer para comer. Le esperaban en la mesa de la cocina para desayunar juntos, pero era fin de mes y no había nada que llevarse a la boca. Abrió la alforja y vació “la nada” que llevaba dentro. Pensó, mientras miraba a su pequeño, cómo explicarle que ni hoy, y, quizás mañana, tampoco comerían; cómo explicarle lo dura que podía llegar a ser la vida. Empezó el bebé a llorar desesperado, angustiado, hambriento... La madre le susurró una nana a la oreja para que no llorase; que pronto pasaría el hambre. El hermano mayor, nervioso, como si estuviera arrepentido de algo, sacó del bolsillo un mendrugo de pan duro y se lo dio a su hermanito diciéndole que la vida era muy dura, como el trozo de pan que le había dado; que tenía que acostumbrarse. Éste empezó a chuparlo y chuparlo; y, con su diente, su único diente, a roerlo y roerlo. Entonces sonrió y parpadeó dos veces con su ojo, su único gran ojo. La familia sonrió al verlo tan feliz, y no dudaron en reír abiertamente, enseñando todos su diente, su único y afilado gran diente.