Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado viento se los arrancará. Irán desnudas para que todos aparten su mirada de ellas y nadie les dirija la palabra. Volverán a ser impuras, y, de aquí, nuestra tierra, serán desterradas de por vida. Les lanzaremos piedras y, aunque su sangre infecte el suelo y no vuelva a brotar pasto en cien años, nos sentiremos orgullosos de haber cumplido con la ley de Dios. Solo espero que sople fuerte el frío viento, porque si no tendremos que desgarrar sus vestidos y si rozamos su piel envenenada sucumbiremos en el pecado de sus carnes y no habrá marcha atrás.

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