Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle y disparé sin piedad. La majorette cayó fulminada. La banda de música empezó a sonar con bombo y platillo. El público aplaudió frenéticamente. Miles de confetis inundaron las calles. Encendí un cigarrillo mientras disfrutaba del desfile. Después, cuando todo terminó, bajé para fotografiar el cadáver de la chica. Tuve que espantar a un par de niñas que intentaban arrebatar el bastón a la majorette. Me tumbé a su lado, saqué el móvil y, con la ayuda de un palo extensible, me hice una foto con ella, sonriendo.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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16 de junio de 2015
27 de agosto de 2012
Siempre a tu lado
Desplacé su larga melena para dejar al descubierto su cuello. Lo besé, estaba en su punto; siempre me gustaba calentar los cuerpos antes de trabajar con ellos. Introduje el bisturí sobre su pecho, guiándome de la cicatriz de su anterior operación de trasplante de corazón. Introduje las tenazas en su tórax para separar las costillas. Sin más miramientos arranqué el corazón de cuajo. No aguantaba verlo más en el cuerpo de otra persona. Lo metí en una bolsa transparente y lo guardé en el congelador, junto con sus riñones. Ya sólo me faltaba recuperar sus pulmones y su hígado.
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1 de agosto de 2012
Musas
Había llegado a un punto que me impedía continuar con la resolución de la conjetura de Hodge. La maldita variable, imposible de despejar, había vuelto a aparecer; había vuelto a fracasar. Metí el dedo en el vaso de whisky para girar los cubitos. Entonces me di cuenta de algo: habían menguado. Chasqueé los dedos para pedir otra copa. Tal vez aquí estaba la solución, no tenía que dividir los objetos; tal vez había que juntarlos, ampliarlos en una dimensión menor, y no mayor, como plantea la conjetura. La chica que cantaba me sonrió; tal vez, compartiendo mi nuevo descubrimiento.
25 de julio de 2012
Mientes
Me quiere. Veinte años a su lado, conviviendo bajo el mismo techo, tiene que quererme. Yo ya lo quiero, me atrevería a decir que desde los siete. Hoy le pediré, mirándole a los ojos, que me deje salir a la calle, aunque sólo sea para ir a por el pan. La gente no se acordará de mí, no me reconocerán; he cambiado mucho, tiene que entenderlo, tiene que entenderme.
21 de junio de 2012
El futuro que no cambia (REC III)
-La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. ¿Entendido?
-Entiendo lo de la barba postiza, aunque siempre nos pique y tengamos que rascarnos constantemente, pero, ¿para qué queremos hacer risas roncas? Somos atracadores profesionales, no payasos baratos de circo.
-Somos: “la banda de la barba de la risa ronca”, que no se nos olvide.
-No sé, a mi me gustaba más cuando nos llamábamos: “la banda de la barba seseante”, o como al principio: “la banda de la ceja levantada”. Éramos más… convincentes.
-Entiendo lo de la barba postiza, aunque siempre nos pique y tengamos que rascarnos constantemente, pero, ¿para qué queremos hacer risas roncas? Somos atracadores profesionales, no payasos baratos de circo.
-Somos: “la banda de la barba de la risa ronca”, que no se nos olvide.
-No sé, a mi me gustaba más cuando nos llamábamos: “la banda de la barba seseante”, o como al principio: “la banda de la ceja levantada”. Éramos más… convincentes.
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