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1 de agosto de 2012

Musas

Había llegado a un punto que me impedía continuar con la resolución de la conjetura de Hodge. La maldita variable, imposible de despejar, había vuelto a aparecer; había vuelto a fracasar. Metí el dedo en el vaso de whisky para girar los cubitos. Entonces me di cuenta de algo: habían menguado. Chasqueé los dedos para pedir otra copa. Tal vez aquí estaba la solución,  no tenía que dividir los objetos; tal vez había que juntarlos, ampliarlos en una dimensión menor, y no mayor, como plantea la conjetura. La chica que cantaba me sonrió; tal vez, compartiendo mi nuevo descubrimiento.

2 de junio de 2012

Espejismo.


Aquella mañana, encontré a la muerte en la carretera. Estaba sola, haciendo autostop. Paré. Sin mediar palabra subió al coche, al asiento trasero. Moví el espejo retrovisor, la miré a los ojos. Reanudé la marcha. A los pocos metros vi un coche en la cuneta, humeante. Un brazo sanguinolento salía por la luna trasera. Pensaba parar, pero la muerte agarró mi hombro, ya estaba todo hecho. Tuve envidia del cuerpo sin vida que dejábamos tirado; el propósito de mi viaje era encontrar la muerte en aquella carretera; abandonar mi coche, mi vida... en el desierto. Paramos en una vieja gasolinera. Ella bajó a por unas botellas de whisky. Conocía mis gustos, me conocía bien. Cuando pasamos por una zona de curvas, entre risas, le pregunté por la niña de la curva: ¿Quién era? ¿Cómo fue creada?...  Al mirar por el espejo retrovisor... lo comprendí todo. Por eso cuando vuelvas a mirar, ¡tú!, por el espejo, también lo comprenderás.