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18 de agosto de 2015

El día del fin del mundo (RBS)


Microrrelato con banda sonora basado en: El mundo se va a acabar- Pauline en la Playa

Ese día amaneció con mucho calor. La anciana preparó un cuenco de leche tibia con unos mendrugos de pan duro que encontró en el fondo del cajón de la vitrina. Se sentó en su habitual silla, frente al televisor. Todos los canales emitían lo mismo, el fin del mundo llegaría en unas horas. Metió los trozos de pan en los bolsillos descosidos de su roída chaquetilla y decidió marcharse sin desayunar al parque para dar de comer a las palomas.  Se sentó fatigada en el banco del estanque; sacó los trozos de pan y comprobó que allí todo seguía igual.

6 de septiembre de 2012

Mis adorables vecinos... gracias.



Un sol perezoso que en su mullido manto blanco se hace el remolón; el murmullo de un avión que se aleja; unas nubes que en lo alto se escapan; una brisa que rompe en mi cara; un pajarito en la barandilla; el mar a lo lejos, calmado. Un periódico arrugado que no se deja subrayar; un teléfono que nunca suena; unas cartas sin sellos, con remitente pero sin destinatario. Una tostada fría; un café mareado; un estómago vacío; una nevera llena. Una abuela cansada; una madre que ahoga sus penas, no quiere ver su copa medio vacía; un abuelo olvidado, que olvida, que observa a su nieta que llora, su nieta que no reconoce; una mirada perdida. Unos hermanos que ríen, saltan sobre la cama; un padre demacrado que aprieta el cinturón a su puño; una hermanastra que construye pompas de jabón en el balcón. Una suerte que no llega a un décimo comprado; un grifo que gotea. Unas cortinas echadas que dicen tanto; un bonsái en el alféizar. Una jeringuilla colgada; un brazo mal apretado; una lágrima de sangre; el tiempo que se detiene; una llamada perdida. Una mujer mira una carta del hospital que se niega a abrir; un cáncer que no espera a nadie; un padre que se marchó; un niño triste que espera; unas sábanas mojadas tendidas. Un cuarto vacío; el reloj parado; la puerta entreabierta; una mirada nostálgica; un peluche inanimado, sin alma; una fotografía humedecida. Un cigarrillo encendido; una vida apagada; una eterna espera; un amor que no llega; el humo que se escapa por la ventana; aire que no respira. Un haiku que muere en un segundo cuando ni siquiera ha comenzado; un poeta frustrado; solo; olvidado; unos geranios secos que no huelen. Un hombre que acumula la mierda de todos, sin síndrome; su prisión. Un ruido seco; unas palomas que huyen del silencio; unos zapatos desatados que se acercan; y yo, sin mí. Una vida que sigue; uno que se apea, cansado, cobarde, yo; todo continúa; todo se apaga; todo se olvida.

17 de mayo de 2012

Ha dejado de quererme (REC II)

Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Me pongo nerviosa, ¡no hay nada! Picoteo el alféizar en busca de alguna migaja que haya podido dejar olvidada el día anterior, pero nada. Meneo la cabeza; vuelvo a mirar por un lado, por el otro... nada. Tengo hambre y arrullo quejicosa, enfadada, indignada... ¡ya es hora de comer!  Picoteo el cristal porfiadamente. Consigo verla; está sentada, donde siempre, con su cuenco de sopa y sus... ¡mis trocitos de pan! No aguanto esta situación. Ella permanece sentada impasible, con el televisor encendido. No la veo con ganas. Su mano está agarrando fuerte la cuchara, la cuchara que ya no tiembla.