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18 de junio de 2014

Conspiración (REC 1/3)

-Alguien ha empezado a tirar del hilo de la corbata.
-La abuela ya ha terminado su plato de sopa.
-Los girasoles miran hacia arriba.
-El pájaro ha llegado a su nido.
-Sigue al conejo blanco

21 de mayo de 2014

Una excusa para ser libre (REC)

Solo ceniza y un hilo de humo que esquiva los primeros rayos de luz que entran por las rendijas de la persiana quedan de aquella noche de pasión. Se acaricia su cuerpo desnudo todavía caliente. Descubre dos orificios en su lánguido cuello. Se refugia bajo la cama presa del pánico. Sonríe. Ya tiene excusa para no ir a misa los domingos; para vestir de negro; para salir toda la noche; para quedarse en cama hasta tarde; y sobre todo para decir no a esa sopa de ajo que últimamente todas las noches le prepara su madre.

10 de enero de 2014

Gamberrada navideña. (ENTC)

Ilustración de Laura Garrido. (ver original)

Este vez fui directamente al cementerio a esperarle. No quería que este año volviera a aparecer por casa en Navidad. No podía permitir que mi tío se presentara a cenar, cada vez estaba más demacrado.
Me escondí detrás del ciprés que presidía su tumba. Esperé hasta que salió de su sepultura. El muy canalla abrió el ataúd del nicho que tenía debajo, aún sin lapidar, y se puso el traje que portaba su difunto. Sin dudarlo cogí un pedrusco y se lo arrojé a la cabeza. Su mandíbula se le desprendió de la cabeza. Cuando fue a recogerla me abalancé sobre él. Pero mi tío tenía una fuerza sobrehumana y siguió arrastrándose para recuperarla. Yo me aferré a sus pies con todas mis fuerzas. Solo conseguí arrancárselos junto a sus zapatos recién estrenados. Salí corriendo con ellos.
Llegué a casa sudando como un pollo, justo para sentarme a cenar. Mi madre me sirvió un plato de sopa. Cuando todos estábamos servidos, y al cerrar los ojos para bendecir la mesa, apareció mi tío dándome un pescozón y un tirón de orejas, de los de órdago. No me soltó hasta que le devolví los zapatos junto con sus pies huesudos.

17 de mayo de 2012

Ha dejado de quererme (REC II)

Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Me pongo nerviosa, ¡no hay nada! Picoteo el alféizar en busca de alguna migaja que haya podido dejar olvidada el día anterior, pero nada. Meneo la cabeza; vuelvo a mirar por un lado, por el otro... nada. Tengo hambre y arrullo quejicosa, enfadada, indignada... ¡ya es hora de comer!  Picoteo el cristal porfiadamente. Consigo verla; está sentada, donde siempre, con su cuenco de sopa y sus... ¡mis trocitos de pan! No aguanto esta situación. Ella permanece sentada impasible, con el televisor encendido. No la veo con ganas. Su mano está agarrando fuerte la cuchara, la cuchara que ya no tiembla.