16 de julio de 2011

Pandora


 
Heredó la casa de su padre y una gallina llamada Pandora. El había muerto por una enfermedad mental hereditaria, aunque el hijo sospechaba que había muerto de cirrosis, por aquel amarillo intenso que tiñó su piel sus últimos días.
Mientras ponía  en orden la casa, no paraba de preguntarse de donde vendría el nombre de Pandora; ¿sería la gallina de los huevos de oro…? La veía a todas horas subida en cada una de las ventanas por donde pasaba.
A las dos semanas, y justo cuando descubrió el significado de Pandora, se dio cuenta de que llevaba varios días sin verla. Fue en su búsqueda y la encontró en el gallinero, agachada, como si escondiera algo. Le dio una patada y observó que escondía un huevo. Era ovalado y muy liso, como el resto de huevos, pero este tenía algo especial, algo que le llamaba la atención. Sintió la imperiosa necesidad de hacerlo suyo, de cogerlo, de protegerlo. Es cuando se sentó encima de él para darle calor. Vio entonces que a la maltrecha gallina se le iban cayendo las plumas y que su cuerpo  iba poco a poco tomando forma de una hermosa mujer. El, en cambio, empezó a encogerse, y unas plumas salieron de su cuerpo. Ella, convertida ya en mujer, le quitó el huevo mientras exclamaba: “La esperanza es lo último que se pierde…”

No hay comentarios:

Publicar un comentario