Soy una silla vieja y cansada. Olvidada en el despacho biblioteca de mi amo. Ya nadie viene por aquí. Echo de menos a Lucía; sus primeros pasos en el mundo de la lectura: “Mi mamá me mima...”, sentada sobre mí, mientras su padre veía en ella los ojos de su madre.
Estoy sola, ya no queda nadie, ya no hay libros, ni nada. Solo un periódico que no para de recordarme el día de mi abandono.
Un día vi a Lucía entrar en el despacho, con un libro en la mano. Creía que iba a quedarse y sentarse sobre mí, como en los viejos tiempos; se limitó a mirar el pasado.
Ahora solo vienen sucias palomas, ¿querrán ellas leer? Mucho me temo que no. Tengo que coordinar mejor mis patas, si muevo solo dos, tal vez pueda acercarme a la puerta y salir en busca de algún lector.

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