De regreso a casa tropecé con una piedra en el camino y estampé la bici contra un muro de piedras. Caí de bruces sobre unos tulipanes rojos. Intenté incorporarme, pero apenas pude sentarme; el golpe fue muy fuerte. Mientras esperaba que viniera alguien en mi ayuda, creí ver entre las flores un pequeño ratoncito. Me fijé un poco mejor, y aquel pequeño ratoncito resultó ser una chica diminuta. Me acerqué aún más y vi que estaba, sentada en una ramita seca, leyendo un libro. La joven sería de mi edad; le pregunté qué estaba leyendo. No me sonaba ni el título ni el autor, pero según contaba, parecía interesante. Ella preguntó si yo quería acompañarla a su casa, un viejo molino justo al cruzar el canal; tenía más libros que podía prestarme. No lo pensé mucho; acepté la invitación, y abandoné todas mis pertenencias, allí tiradas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario