Desde el otro lado del planeta no se
ven las estrellas ni las lunas, ni siquiera con los telescopios más
potentes. Cuenta una leyenda que desde lo alto del monte Saritnem uno
puede alzar las manos y tocar la nada. Mi jardín está justo en el
lado opuesto de ese monte. A veces, cuando me tumbo en el césped
para contemplar pasar las nubes, siento que unas manos invisibles
acarician mi espalda.

Las caricias son necesarias Henry, así que si son buenas..., lo malo es que sean de esas que dan repelú, jejeje. Imaginativo y muy bonito.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Hola, esta no se sabe si es buena o mala, a mi me da yuyu :D
EliminarBesos