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24 de enero de 2017

Collage (REC)

-No quiero volver a verte nunca más -dijo la pequeña agitando su varita mágica.
La muñeca de porcelana mayor se fue desvaneciendo poco a poco hasta que la nada ocupó su lugar. La mediana se arrodilló temblorosa e imploró perdón. Mientras, los soldaditos de plomo avanzaban sigilosamente por debajo de la cama para poder apresar a la pequeña. La ratita presumida, que lo observaba todo desde su hamaca rosa, mordió la manzana envenenada y durmió para siempre. El espejito mágico volvió a reconstruirse y el lobo feroz pudo regresar por fin a los pies de la pequeña muñeca malvada.

17 de mayo de 2016

Rozando el final del mundo (REC)

Desde el otro lado del planeta no se ven las estrellas ni las lunas, ni siquiera con los telescopios más potentes. Cuenta una leyenda que desde lo alto del monte Saritnem uno puede alzar las manos y tocar la nada. Mi jardín está justo en el lado opuesto de ese monte. A veces, cuando me tumbo en el césped para contemplar pasar las nubes, siento que unas manos invisibles acarician mi espalda.

4 de septiembre de 2014

Apocalipsis



A ella se la llevaron las olas. Yo me quedé en la orilla, sentado, con la nada detrás de mí, acariciando mis espaldas.

3 de noviembre de 2011

Nada.

Como tantas veces había hecho de niño me senté en el borde de la cama y nada. Cogí el viejo cuaderno de la mesita de noche y liberé el lapicero que permanecía enredado entre sus anillas. Nada. Agarré el atrapa sueños que tenía colgado y lo sacudí enérgicamente en busca de algún sueño olvidado. Nada. Metí la mano bajo la almohada y palpé mi último diente guardado para el ratoncito Pérez. Nada, esa vez no me dejó ninguna idea. Enchufé el radio balón y sintonicé una frecuencia con ruido blanco y… Nada. Mi vida de escritor se había  convertido en nada. Tal vez debería escribir… nada.