17 de mayo de 2016

Rozando el final del mundo (REC)

Desde el otro lado del planeta no se ven las estrellas ni las lunas, ni siquiera con los telescopios más potentes. Cuenta una leyenda que desde lo alto del monte Saritnem uno puede alzar las manos y tocar la nada. Mi jardín está justo en el lado opuesto de ese monte. A veces, cuando me tumbo en el césped para contemplar pasar las nubes, siento que unas manos invisibles acarician mi espalda.

2 comentarios:

  1. Las caricias son necesarias Henry, así que si son buenas..., lo malo es que sean de esas que dan repelú, jejeje. Imaginativo y muy bonito.
    Besicos muchos.

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    1. Hola, esta no se sabe si es buena o mala, a mi me da yuyu :D

      Besos

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