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24 de noviembre de 2015

Amor sin confesión (REC)

Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Luego van al bar.  Él se queda en la barra; ella se sienta al fondo, en una mesa de cuatro. Café solo y periódico para él; café con leche y gafas de sol para ella. Después ponen rumbo a la iglesia. Ella entra por un lateral; él por la sacristía. Ella no comulga, se siente pecadora, piensa en su marido que pronto llegará a casa después de un largo viaje de trabajo; a él no le queda más remedio, todos sus feligreses rezan junto a él.

27 de noviembre de 2014

Aparentar (ENTC)

 
Ilustración: Rosa Iglesias

Mi participación para ENTC: en el camarote 115 del Titanic.

En el puente de mando del Ttitanic el capitán seguía aferrado al timón mientras se volvía a colocar bien la gorra. En el bar un camarero sujetaba la copa del único borracho que quedaba sentado frente a la barra, dándole la misma inclinación que había tomado el barco. Aquellos dos castos jóvenes por fin estaban juntos en aquel largo banco aunque la chica interponía entre sus labios un abanico blanco de madera. La orquesta seguía tocando, amontonados, mirando con cierto respeto al piano que amenazaba con seguir su misma trayectoria. El chico de mantenimiento movía los cuadros hasta ponerlos rectos respecto al nuevo horizonte. Y todo esto pasaba mientras que en el camarote 115 un as de picas empezaba a emerger de la manga de mi chaqueta. Los molestos cigarrillos, a medio apagar, empezaban a flotar. Todos teníamos en los parpados pequeñas burbujitas de aire y mirábamos absortos al infinito. Nos esforzábamos, sin mucho existo, en aparentar que estábamos vivos.

16 de julio de 2011

ELHOMBREQUENUNCASONREIA y LAMUJERCONELCORAZONROTO.



ELHOMBREQUENUCASONREIA y LAMUJERCONELCORAZONROTO coincidieron en la barra del bar, y tras un par de copas se atrevieron a presentarse formalmente, pero ya no tenían nombre.

La noche promete.


Estaba sentado en una vieja butaca roja, inclinado hacia  la barra, removiendo los hielos de mi copa con los dedos, exprimiéndolos en busca de alguna gota de güisqui, observando al camarero como agitaba el próximo cóctel que me iba a tomar. La luz era tenue, y la música acompañaba el ambiente. El humo del puro medio apagado dibujaba  densas cortinas de humo sobre el cenicero. Aún era temprano y el local estaba vacío. Unos relámpagos hicieron que el  bar se quedara a oscuras unos segundos. Después vino el trueno y aproveché para limpiarme en la butaca el barro ya seco de mis botas. El camarero continuó agitando mi cóctel después de poner en marcha el tocadiscos. Una gota salió despedida de la coctelera y fue a parar sobre mis labios, cosa que hizo impacientarme un poco. Ojeé la portada del periódico que tenía a la izquierda, parece que el imitador de Jack había vuelto a actuar.
            -Aquí tiene su “bloody mary” señor –me interrumpió  el barman mientras me retiraba el vaso vacío.
            -Gracias –le dije mientras maldecía que tocara más de la cuenta el vaso.
            Llevé la copa a mis labios y di un fuerte sorbo  mientras apartaba la ridícula sombrillita de adorno. Fue en ese instante cuando un cegador perfume invadió mi soledad. Cayó de mis manos la irrisoria sombrilla. Al intentar agacharme sin bajarme del taburete vi como dos largas piernas se acercaban a la barra. Dejé el adorno en el olvido y me incorporé para seguir disfrutando de lo que esas piernas habían traído. Se sentó en el otro extremo de la barra, dejó el bolso en el suelo y encendió un cigarrillo mientras me miraba de arriba abajo con una sonrisa pícara. Era alta, piel pálida, labios carnosos, buenas tetas, pelo oscuro... demasiado oscuro.
            El camarero parecía conocer a la joven pues le sirvió, sin que ella pidiera nada, agua con gas con una rodajita de limón. Fue entonces cuando llamé al camarero con un sutil gesto de mis dedos. El se acercó, y yo insistí para que se aproximara un poco más y susurrarle algo al oído.
            -Perdone que le haga una pregunta indiscreta... ¿la chica que acaba de llegar es realmente rubia? –le dije mientras miraba directamente a sus efímeras cejas.
            -Pues así a ciencia cierta no se lo podría asegurar.  ¡Lo siento señor!
            -Póngale un “bloody mary” de mi parte cuando se lo indique –le dije mientras me quitaba el anillo y lo metía en mi cabás. –Esta noche promete.

25-Marzo-2011