Otra vez volvió a intentarlo. En una
cena romántica, rodeado de velas, en un lujoso restaurante del
centro de París, con un gran ramo de flores y un anillo cuyo
diamante robaba el brillo a la luna. De rodillas le pidió
matrimonio. Y este fue el final de una bonita historia de amor.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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19 de septiembre de 2017
21 de junio de 2016
Sueños perfumados de princesa (REC)
Cuelgan de las cuerdas de la del
quinto, como cada día entre semana, bonitas historias de amor
envueltas en inmaculadas sábanas perfumadas con jazmín; dos o tres,
quizás cuatro si ha habido suerte. Los sábados toca colada
familiar; tristes ropajes perfumados con lágrimas de una madre que
soñó con ser princesa.
3 de mayo de 2016
Trocitos de amor (REC)
Es como sale mejor, tamizando primero
la harina sobre las claras montadas a temperatura ambiente. Así lo
hacía la abuela y así lo haremos nosotras. También hay que poner
ralladura de un limón del limonero donde está enterrado el abuelo.
Y, como no, una pizca de amor. Lástima que de eso ya no nos quede
tanto. Mira a la abuela, sin dientes, sin pelo, con la mirada de su
único ojo perdida en el horizonte. Quizás podríamos empezar con
sus dedos, el índice de la mano derecha, así dejará de hurgarse
tanto la nariz.
24 de noviembre de 2015
Amor sin confesión (REC)
Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Luego van al bar. Él se queda en la barra; ella se sienta al fondo, en una mesa de cuatro. Café solo y periódico para él; café con leche y gafas de sol para ella. Después ponen rumbo a la iglesia. Ella entra por un lateral; él por la sacristía. Ella no comulga, se siente pecadora, piensa en su marido que pronto llegará a casa después de un largo viaje de trabajo; a él no le queda más remedio, todos sus feligreses rezan junto a él.
21 de abril de 2015
Amor artifical (REC)
La intención de seguir siendo solo amigos bloqueó mi sistema central. Mis circuitos internos se sobrecalentaron provocando un borrado parcial de mi memoria flotante. Por eso desconecté el interfaz gráfico y él se quedó a oscuras. Amenacé también con cortarle el suministro eléctrico a su marcapasos, pero no fui capaz; en cambio aceleré su pulso hasta simular un orgasmo. Eso le gustó, aunque insistió en seguir siendo solo amigos. Sospeché de un virus, por lo que abandoné temporalmente su cuerpo. Entonces comprobé que alguien le había sustraído su tarjeta de simulación de amor y que su mano estaba agarrada a otra mano que no era suya.
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24 de marzo de 2015
Una bonita historia de amor (REC)
Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Los pétalos rojos que le dejaba en el pupitre; las palomas que asustaba en el parque para que formasen un corazón en el cielo; las miradas que se cruzaban en los pasillos; las palabras que le susurraba cuando no estaba; sus pecas; los besos que aún no le había dado; sus sueños; el despertador a las 8:15; los cada 28 días; las alianzas; el bisturí con el que abriría su corazón; la vitrina donde lo custodiaría... Estaba dispuesto a todo para llegar a la última hoja de la libreta y escribir así una bonita historia de amor.
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16 de diciembre de 2014
El pozo de los lamentos (REC)
El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía. Pero yo seguía intentándolo, en la casita del bosque, en la habitación oscura, en una esquina, cara a la pared, rayando cuerno de unicornio. No tenía que hacer caso a sus amenazas, yo las quería y haría lo imposible por conseguirlas, aunque gritaran, aterrorizadas, desde lo más profundo del pozo del sótano.
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25 de noviembre de 2014
Amor original (REC)
En realidad esto del amor no tenía ninguna lógica, aunque la terca de Eva se empeñó en morder la manzana.
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11 de noviembre de 2014
Alimentando el amor (REC 1/2)
-Pero ya nada sería igual si leo tu carta –dijo la chica de ojos grandes mientras hacía con ella una pajarita.
-Pero... No la liberes; se perderá para siempre lo que siento por ti.
-Confía en mí –dijo ella mientras la echaba a volar.
La chica de ojos grandes cogió la mano del espantapájaros y vieron como la pajarita subía y subía hasta que un rayo la hizo añicos. Entonces una lluvia de diminutas pajaritas cayó sobre ellos. El espantapájaros se fundió con la chica en un gran abrazo mientras dejaba que todas las pajaritas se alimentaran del sembrado que él custodiaba.
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9 de octubre de 2013
Secuestro de amor (REC)
Érase una vez un cuento de amor al que la hija de la bibliotecaria arrancó las páginas 12 y 13. La princesa ya no conoció a su príncipe azul; ya no hubo hechizos, ni miradas, ni paseos cogidos de la mano, ni besos bajo la luz de la luna... y vivieron juntos para siempre y comieron perdices.
Todas las noches, bajo las sábanas de la cama de la niña, a la luz de una linterna: una princesa conoce a su príncipe azul; queda hechizada por su mirada; pasean juntos de la mano; se besan bajo la luz de la luna... y son felices.
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17 de septiembre de 2012
El amor. (Finalista)
- Te amaré hasta lo más profundo de tu ser. Después, me fumaré un cigarrillo. (Finalista)
- Desde lo alto de la azotea, el suicida escuchó: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Se arrepintió. Tuvo que bajar y empezar una nueva misión.
- Amar, matar… qué más da, tan solo son palabras. Aunque tengo la certeza de que no podré jamás amarte sin matarte.
- El amor sólo dura lo que tarda en llegar el ascensor a tu puerta, aunque a veces se pare y lo estropee todo.
- ¿Señorita, hacemos el amor? La amo. Olvídese de la segunda afirmación y conteste a la primera pregunta. Tengo dinero fresco. Compartámoslo.
- Cuando el lobo abrió la puerta y vio a Caperucita, se enamoró de ella. Quiso entonces devolverle su amor, pero ya lo había digerido.
- Lo amaba tanto que al final de su vida comprendió que las palizas que le daba su marido eran por su bien.
- Lloras tanto por tu nuevo amor, que ahogas tus penas entre mis manos.
- Aquel día en que él me falló, supe que amor se podía escribir con hache.
- Y fundieron sus besos en una pompa de jabón para que su malvada madrasta no descubriera su amor.
- Fundieron su cuerpo en un tango. Una rosa en la boca selló su amor. En las noches de verano más claras aún se les puede ver bailar.
- Sólo las ladillas sintieron amor cuando se reencontraron.
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30 de abril de 2012
Amor profundo
Me desperté inmerso en un mar de lágrimas, todo era oscuridad. Buceé por los pasillos desolados; decenas de cuerpos se agolpaban en el techo. Podía oler tu dolor, tenía que encontrarte para pedirte perdón. Tras varias horas de incansable búsqueda, me percaté de lo que había pasado. El pececito amarillo que me seguía a todas partes me dio la señal de alarma. Te cogí entre mis manos y nadaste entre mis etéreos dedos. Entonces me miraste con ojos cristalinos y te abriste paso por una ventanita rota. Te seguí; fuiste hacia el fondo del mar, hacia una pequeñita luz que se vislumbrada en aquel desconocido horizonte.
23 de abril de 2012
Apresada(Finalista Tripe-C)
En la noche más negra del año, todas las sombras de los no muertos se reúnen en el bosque de las ánimas; sacan sus carboncillos de colores y dibujan, pintan, escriben y cantan coloridas canciones para que cuando llegue el día más blanco, las almas errantes puedan encontrar la luz que les guie al otro lado.
Esta noche, mi sombra se ha quedado conmigo, me observa en la oscuridad de mi habitación, desde una esquina. Puedo ver sus ojos negros, que inyectan más negrura a la noche, y puedo oír, en su particular manera de hablar, con letanías, que me acerque a ella. También puedo sentir sus largos y finos dedos cuando intenta apresarme y arrastrarme a su lado. Sospecho que sabe que le he escondido sus carboncillos de colores y quiere recuperarlos; pero no puedo permitírselo, pues sabe donde está encerrada el alma de mi amor, y no quiero que le dibuje un camino de luz y consiga escapar de mi corazón.
Esta noche, mi sombra se ha quedado conmigo, me observa en la oscuridad de mi habitación, desde una esquina. Puedo ver sus ojos negros, que inyectan más negrura a la noche, y puedo oír, en su particular manera de hablar, con letanías, que me acerque a ella. También puedo sentir sus largos y finos dedos cuando intenta apresarme y arrastrarme a su lado. Sospecho que sabe que le he escondido sus carboncillos de colores y quiere recuperarlos; pero no puedo permitírselo, pues sabe donde está encerrada el alma de mi amor, y no quiero que le dibuje un camino de luz y consiga escapar de mi corazón.
27 de febrero de 2012
Helado de amor
Se acerca presuroso a recoger del suelo la lágrima cristalizada; no puede permitir que el mundo siga helándose bajo sus pies. Arrodillado, la mira a los ojos, y, mientras su cuerpo empieza a congelarse... obtiene su perdón.
2 de febrero de 2012
Diseñados para el amor.
-Joderme -repite Micky saboreando la palabra acompañándola con una enlatada risotada.
-¡Calla! No me gusta que te rías de esa manera -replica Minnie titubeando.
-¡Fornícame! -continua Micky entre carcajadas aún más robóticas.
-Yo no he dicho eso. Si lo dije... habrá sido en sueños. Voy a tener que reiniciarte la memoria.
-Los androides no soñamos... lo sabes.
-Pues yo sí. He... he aprendido.
-No podemos aprender nada sin ayuda...
-¡Silenciémonos! Programa cien mil años más. Permanezcamos escondidos. Tenemos que esperar a que otra forma de vida inteligente surja en la Tierra y nos enseñe a amar... para lo que fuimos diseñados.
-¡Calla! No me gusta que te rías de esa manera -replica Minnie titubeando.
-¡Fornícame! -continua Micky entre carcajadas aún más robóticas.
-Yo no he dicho eso. Si lo dije... habrá sido en sueños. Voy a tener que reiniciarte la memoria.
-Los androides no soñamos... lo sabes.
-Pues yo sí. He... he aprendido.
-No podemos aprender nada sin ayuda...
-¡Silenciémonos! Programa cien mil años más. Permanezcamos escondidos. Tenemos que esperar a que otra forma de vida inteligente surja en la Tierra y nos enseñe a amar... para lo que fuimos diseñados.
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9 de septiembre de 2011
Aunque no me escuches.
La noche es una estrella en tu cucharilla que se va disolviendo en el café frio mientras intentas no pensar que ayer fuimos uno. No hieles la noche con más lágrimas. Piensa que la hija que acabo de concebir, y que te traen las enfermeras, es un trocito de algodón dulce que le he robado al cielo. Cuando crezca dile que sé que es un sol en el brillo de tus ojos.
El maleficio del payaso.
El payaso enamorado de la bailarina domadora de leones se ahogaba en sus palabras cuando intentaba declararle su amor. No podía articular palabra alguna cuando se encontraba frente a ella, y si sus labios balbuceaban algo, la flor de su solapa se encargaba de escupirle chorros de agua a la boca. Viendo que no podía expresarle su amor con su voz, decidió escribirle cartas de amor. Pero nunca encontraba el momento de entregárselas y cuando se acercaba a ella el suelo temblaba bajo sus pies. Acumuló miles de cartas.
Cansado el payaso de no poder dárselas en mano las esparció sobre la arena de la pista de los leones para cuando ella saliera a ensayar pudiera leerlas. Cuando por fin cogió una carta del suelo, el payaso salió a la pista poniéndose bajo un potente foco de luz. El calor del foco hizo que empezase a sudar a borbotones. La flor de su solapa, intentando sofocarlo, le lanzaba chorros de agua. El suelo empezó a temblar, y la arena con todas esas cartas junto con el sudor y el agua formaron un engrudo que poco a poco fue tragando al payaso en palabras movedizas. La bailarina contenta por aquellas palabras que le había dedicado su amigo el payaso, y sin percatarse de lo que estaba ocurriendo, comenzó a bailar girando sobre sí misma provocando un gran tornado, el cual absorbió todo el aire, agonizando aun más el último aliento del payaso.
El hombre que olvidaba ser payaso.
La actuación de hoy había sido todo un éxito. No había dejado en ningún momento de pensar en ella. Cuando tuve que reír... pensé en su sonrisa; cuando tuve que llorar...pensé en los momentos sin ella; cuando tuve que hacer el patoso... pensé en cómo iba a entregarle hoy, hecho un manojo de nerviosos, mi carta de amor.
Entré en el camerino y cerré la puerta con llave; no quería que nadie me molestara. Cogí la cajita de música y la abrí dándole cuerda. Apareció sonriendo ella de su interior; toda vestida de blanco, con su tutú y sus zapatillas de ballet; la acompañaban dulces melodías que parecían canticos de sirenas. Le dije que había escrito una carta para ella, y que se la leería cuando me pusiera guapo. Me senté delante del espejo quitándome la peluca y la nariz roja; cogí unos algodones del interior de la caja de música y limpié despacio el maquillaje de mi cara. Los algodones olían a ella. Poco a poco fue apareciendo en el espejo un rostro nuevo.
Cuando terminé de mudarme de ropa fui hacia la puerta, pero estaba cerrada. Di media vuelta y metí la mano en el gran bolsillo del pantalón del payaso. En el fondo encontré un sobre que tenía dentro una llave atada, con un lazo blanco, a una carta. Mientras la desataba, la caja de música cesó de sonar. Miré por encima la carta y la arrojé a la papelera, prendiéndole fuego.
Entré en el camerino y cerré la puerta con llave; no quería que nadie me molestara. Cogí la cajita de música y la abrí dándole cuerda. Apareció sonriendo ella de su interior; toda vestida de blanco, con su tutú y sus zapatillas de ballet; la acompañaban dulces melodías que parecían canticos de sirenas. Le dije que había escrito una carta para ella, y que se la leería cuando me pusiera guapo. Me senté delante del espejo quitándome la peluca y la nariz roja; cogí unos algodones del interior de la caja de música y limpié despacio el maquillaje de mi cara. Los algodones olían a ella. Poco a poco fue apareciendo en el espejo un rostro nuevo.
Cuando terminé de mudarme de ropa fui hacia la puerta, pero estaba cerrada. Di media vuelta y metí la mano en el gran bolsillo del pantalón del payaso. En el fondo encontré un sobre que tenía dentro una llave atada, con un lazo blanco, a una carta. Mientras la desataba, la caja de música cesó de sonar. Miré por encima la carta y la arrojé a la papelera, prendiéndole fuego.
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