-Y además nos hace daño con sus enormes garras cuando nos agarra para mordernos con sus afilados colmillos. Y...
-¡Basta! –grita el padre mientras cierra el libro que estaba leyendo-. Puedo creer que os asuste, os saque burla, insulte... pero no consiento que mintáis sobre que os hace daño.
La madre, impasible, insta a su querido esposo con sutiles codazos bajo las sábanas para que se levante y las convenza de que el coco no existe; así la dejarán descansar.
Harto de sollozos y golpazos, se levanta hacia la habitación de las niñas. Una vez allí dentro, el coco no tiene más remedio que zampárselo.
Anda Henry, despues de tu relato ¿cómo le explicamos a los niños que el coco no existe?
ResponderEliminarGenial, muy original. Un saludo,
Este relato es para mayores de 90 años.
EliminarUn beso
Y yo que pensaba que no existía, voy a tener que replantearme muchas cosas, jejeje. Besos!
ResponderEliminarSi crees en el coco, él te asustará, te morderá... pero nunca te comerá. Si no crees en él, te comerá.
EliminarHay cosas que primero es mejor tenerles miedo y respeto, si te enfrentas a ellas sin esto, posiblemente te coman.
Besos
Juas, eso pasa por no creer a los niños, ñan, ñan...
ResponderEliminarBesos desde el aire
Con lo bonito que es creer en el coco y hacer como si a uno también le diera miedo...
Eliminar(Los cocos se alimentan de los que no le temen... para que aprendan)
Besos
Muy buen final, si señor. Eso por no creer a las chiquillas. Aunque también podría ser que el coco estuviera compinchado con la madre...
ResponderEliminarPodría ser, si. Barajé poner de titulo "Cómplices". Las niñas, la madre, el coco... todos compinchados...
EliminarUn saludo
El coco no recuerdo que me diera miedo, pero si desde luego puedo encontrarlo en la habitación de mi hijo ...me voy antes de que me zampe!!.
ResponderEliminarUn abrazo
Ya me avisarás si te ha comido... mmmmm... bueno, si no te ha comido.
EliminarBesos