26 de marzo de 2012

Telaraña de esperanza

El final de cualquier anochecer la sorprenderá tejiendo sueños frente a la luna. Con sus ganchillos desgastados por el tiempo, cuenta en susurros las cruces que va dando con la lana de las ovejas que Anita cuenta para dormir. No hay descanso para la tejedora, que plasma en una infinita telaraña todo lo que Anita sueña. “Uno, dos y tres vueltas de azules amapolas. Cuatro, cinco y seis saltos a la comba que llega al cielo. Siete, ocho y nueve castillos encantados.” Le parece mágico que todavía existiesen sueños tan puros en aquella niña que tanto veía sufrir. Noche tras noche teje más y más sueños para intentar que no salgan de ella. Cada noche le cuesta más. Sabe que al final la descubrirán, y todo intento por evitar que los sueños salgan de Anita será en vano. Pero seguirá en su empeño de proteger, con la telaraña, a la humanidad del contagio de sus sueños. Si se escapara tan solo uno... llenaría el mundo de esperanza.

4 comentarios:

  1. Ojalá tuviese una telaraña para proteger los sueños más bonitos. Besos!

    ResponderEliminar
  2. Qué relato tan original Henry, qué bonito poder proteger los sueños, si eso se pudiese hacer así.

    Besos sin telarañas pero con esperanza,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias.
      Yo creo que si se pueden proteger, lo que pasa es que no sabemos o hemos olvidado.

      Besos.

      Eliminar