22 de marzo de 2012

Te escucho.

Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido; le escuché llorar.
Abrió la desengrasada puerta. Cambió, sin tener cuidado, sus botas por las cómodas zapatillas. Bajó lentamente por la vieja escalera de madera, sin evitar hacer crujir el quinto y noveno peldaño. Se dirigió hacia mí; el crepitar de la madera del suelo lo delató. Respiró profundamente a mi lado, y, no sé cómo, esta vez sentí también como besaba mi frente. Apagó entonces la luz de la mesilla, la cual siempre escuchaba a mamá encender.

7 comentarios:

  1. Este relato expresa mucha tristeza Henry. Besos!

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    1. Hay algo de esperanza... el niño, además de escuchar, ha podido sentir el beso de su padre, tal vez se recupere.

      Besos

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  2. Henry qué sobrecogedro relato, pero qué tierno a la vez.

    Un abrazo desde mi mar,

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  3. Vale Henry, quise decir sobrecogedor, seguro que lo entendiste, ais, cuando se me cruzan los dedos... Jaja, es que eso de bajar a la tumba... Me ha dejado con el corazoncito encojido al imaginar a unos padres que han perdido a su hijo pero que siguen ahí, recordándolo minuto a minuto y haciendo las mismas cosas que harían si estuviera en vida...

    Besitos también para ti,

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    1. Tranquila, a todos se nos van los dedos al escirbir :D

      El relato tiene también otra interpretación, si cabe más terrorífica o angustiosa. Si cambias tumba por casa... y si cambias a niño muerto por niño enfermo que solo puede oír... bueno... ya me dirás.

      Besos

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  4. ¡No hubo suerte Henry!. Al menos debieran publicar la relación de títulos que quedaron en puertas. Estoy convencida de que tu puerta desvencijada, lo estaría.

    Un beso

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    1. Nada, no hubo suerte... a ver con el mecánico si la hay...

      (...algún dia sonará el telefono un miercoles cualquiera y será publicidad :D....)


      Besos

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