De un certero bocado, le arrebató el
pincel que sujetaba con sus finos dedos. La “vaca comepinceles”,
como a ella le gustaba llamar, se escondió tras unas rocas para
rumiar en paz. Los pájaros, que se habían escapado del lienzo,
posaban plácidamente sobre las manecillas del reloj de pared;
miraban absortos a la pequeña que volvía a sacar otro pincel de
detrás de su oreja. Pintó otra vez unas nubes azules y un sol
dorado que las mariposas habían borrado antes. La serpiente, que
estaba enroscada en la rama del árbol, le ofreció una manzana a la
niña. Pero Evita ya tenía la lección bien aprendida.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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6 de diciembre de 2016
14 de noviembre de 2011
Mala jugada.
Pobre rey. Ya no tendrá más mariposas en el estómago; se han marchado. Descubrieron a su amante y la han apartado de él. La tienen encerrada en una torre custodiada por dos caballos. El rey se enrocó en sí mismo, y eso le hizo perder sus esperanzas de recuperarla. Su esposa, defraudada, se suicidó lanzándose bajo los caballos de su enemigo. Ahora el rey está solo, apenas un par de súbditos le acompañan; sabe que pronto le darán jaque mate.
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