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6 de diciembre de 2016

Acuarelas del Edén (REC)

De un certero bocado, le arrebató el pincel que sujetaba con sus finos dedos. La “vaca comepinceles”, como a ella le gustaba llamar, se escondió tras unas rocas para rumiar en paz. Los pájaros, que se habían escapado del lienzo, posaban plácidamente sobre las manecillas del reloj de pared; miraban absortos a la pequeña que volvía a sacar otro pincel de detrás de su oreja. Pintó otra vez unas nubes azules y un sol dorado que las mariposas habían borrado antes. La serpiente, que estaba enroscada en la rama del árbol, le ofreció una manzana a la niña. Pero Evita ya tenía la lección bien aprendida.

9 de febrero de 2015

¿A qué sabe Cantabria?


¿A qué sabe Cantabria? Escuché decir el otro día a dos turistas que deambulaban por estos lares. Uno decía que a queso y a pan, el otro que a anchoas y a orujo. Como era de imaginar esos foráneos no tenían ni idea; si me hubieran preguntado a mí les hubiera dicho que Cantabria sabe a verdes pastos salpicados con agua de mar. Aunque no sé si les hubiera podido contestar, porque rumiar con la boca abierta es de muy mala educación.