De un certero bocado, le arrebató el
pincel que sujetaba con sus finos dedos. La “vaca comepinceles”,
como a ella le gustaba llamar, se escondió tras unas rocas para
rumiar en paz. Los pájaros, que se habían escapado del lienzo,
posaban plácidamente sobre las manecillas del reloj de pared;
miraban absortos a la pequeña que volvía a sacar otro pincel de
detrás de su oreja. Pintó otra vez unas nubes azules y un sol
dorado que las mariposas habían borrado antes. La serpiente, que
estaba enroscada en la rama del árbol, le ofreció una manzana a la
niña. Pero Evita ya tenía la lección bien aprendida.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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6 de diciembre de 2016
11 de marzo de 2015
La última prisión (REC 2/2)
Seguía atrapado allí dentro, lo noté nada más despertar. Todo estaba oscuro y silencioso, tan solo la luz del monitor iluminaba la habitación y su pitido, que marcaba mis constantes vitales, rompía el silencio. Noté que no tenía corazón y que una bomba llenaba mis pulmones con aire rancio. El reloj de la pared parecía no avanzar al ritmo con el que lo solía hacer antes de que intentara suicidarme, marcaba siempre una media sonrisa. Ahora la prisión había aumentado y mucho me temía que no sería la última. La enfermera sin brazos que estaba sentada en la penumbra no paraba de recordármelo.
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8 de agosto de 2014
8 p.m. (RBS 1/2)
Miro el reloj. Las 8. Agito el chupito y lo estrello contra la barra haciendo saltar las burbujas de soda. Lo lanzo vacío al camarero para que me ponga otro. ¿Será de los que ya no te sirven si vas pasado o de los que te sirven hasta que caes al suelo? Miro a mi alrededor. No hay nadie. Vuelvo a agitar el chupito y a estrellarlo con fuerza. Más burbujas para el cuerpo. Otra vez las 8. Tras 20 chupitos más pregunto al camarero la hora. Él agarra mi muñeca y mira mi reloj. Las 8, me dice sonriendo.
Relato basado en la banda sonora: Perez Prado- The Peanut Vendor
Relato basado en la banda sonora: Perez Prado- The Peanut Vendor
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21 de junio de 2012
El truco de la mosca (REC I)
La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha; otra vez mi tío ha venido, y no lo soporto. Sus comentarios que hace son absurdos y banales. Me trata como si fuera un crio, y ya no lo soy. No soporto su diente de oro ni su peluco de marca falso. El truco de la mosca ya no tiene gracia, me he cansado de hacérselo, siempre hace como si no lo conociera; podría estar haciéndoselo hasta que me saliese barba y se me quedase la voz ronca, como a él; aunque creo que entonces si se lo haría de nuevo… con ganas.
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