6 de junio de 2011

Cosas de niño.


   Era una tarde lluviosa, la casa estaba llena de gente. Muchos eran familiares y a otros no los conocía. Ese día, y muy a mi pesar, me habían vestido de traje y corbata, supongo que para no desentonar con el resto de invitados.
    No me dejaban pasar a aquella habitación, pero todo el mundo entraba en ella, y salían con lágrimas en los ojos; yo tenía curiosidad. En un momento de silencio total, me fui colando entre la multitud y me metí en la habitación. No había nadie dentro; cerré la puerta. Allí estaba María, mi prima mayor vestida con su traje de comunión que iba a estrenar en un par de días. La vi allí tumbada, quieta, callada, como si estuviera rezando. Entonces me acerque a ella, le puse el almohadón en la cara, e intenté despertarla por segunda vez.

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