Todos apretujados en aquel enorme congelador intentando por todos los medios mantener nuestra dignidad bien alta, y con los cuernos aun bien firmes, habíamos empezado a temer por nuestra integridad física. Había ya unos cuantos que resignados escondían sus cuernos y parecían encogerse, dando por perdida la temporada de apareamiento. Yo sin embargo luchaba, con la esperanza puesta en que aquella enorme puerta de aquel enorme congelador se abriera, y según las sabias palabras de nuestro profeta, alguien nos indicara el camino hacia el enorme puchero para el gran baño caliente.
(15 Abril 2011)
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