Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura. Fue el titular en todos los periódicos para intentar buscar a aquel muchacho que hiciera recuperar la memoria a Penélope, pues aquel beso de aquel apuesto joven era lo único que ella recordaba tras veinte años.
Miles de personas se acercaron al hospital; muchos por la recompensa, otros por el morbo y pocos por poder casarse con ella; todos querían besarla.
Fue aquel mendigo su última esperanza, hasta el fiel perro de Penélope, Argos, movió el rabo con ímpetu. Al besarla todo siguió igual, menos para Argos que se llevó un hueso de pollo que le regaló el indigente.
Miles de personas se acercaron al hospital; muchos por la recompensa, otros por el morbo y pocos por poder casarse con ella; todos querían besarla.
Fue aquel mendigo su última esperanza, hasta el fiel perro de Penélope, Argos, movió el rabo con ímpetu. Al besarla todo siguió igual, menos para Argos que se llevó un hueso de pollo que le regaló el indigente.
(9-Abril-2011)
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