El nerviosismo se siente, se palpa, se huele en el campo. Los dos equipos están ya en sus respectivos terrenos. El árbitro en el centro, con la moneda en la mano. Los capitanes de los dos equipos uno frente al otro, ¡que tensión!, se enseñan los dientes. Saben que quien saque primero el esférico tendrá una clara ventaja. El graderío enmudece, el árbitro tira la moneda al aire, da una, dos, mil vueltas antes de caer. Los capitanes acercan sus cabezas a la moneda y… el capitán de los canguros se echa las manos a la cabeza; el humano hace un gesto grotesco al rival; la mitad del estadio abuchea, la otra vitorea... ¡Qué gran partido se presagia!, ¡qué gran final! Va a dar comienzo el partido del año, del siglo... ¡del milenio!: Humanos comedores de canguros contra canguros devoradores de humanos. Hay mucho en juego, mucho que perder, y, poco que ganar.
Para abrir boca pongamos antes unas imágenes de las celebraciones de las semifinales de la semana pasada: miren como los humanos exhiben los huesos de los extraterrestres comedores de hombres; miren a los marsupiales luciendo los espectros de las almas consumidoras de canguros.
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