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21 de junio de 2013

Otro papá (REC I)

Desde entonces papá ya nunca juega con él; se enfadó mucho. Tal vez no tuvo que coger su móvil. Mamá dice que hizo bien, que tiene que aprender a leer, y cualquier cosa con la que pueda practicar es bueno, aunque sean unos mensajes del móvil de papá. Todos los días baja al sótano donde mamá lo dejó castigado. Quiere pedirle perdón. Pero papá sigue balanceándose en esos raros columpios que agarran por el cuello. Mamá le consuela y le promete que pronto vendrá otro nuevo papá con el que poder jugar: “¿A que ya no te acuerdas de los primeros papás? Déjalos tranquilos y arréglate la pajarita”

8 de octubre de 2012

Ruiseñores mudos




     Salieron del refugio cuando se les acabó la comida y el agua. Lo primero que hicieron fue buscar a Roko. Pero no acudió a sus llamadas, seguramente estaría escarbando en las petunias del vecino. El sol brillaba como nunca; hacía calor. Ella dijo que no se escuchaban los pájaros cantar. Él comentó que estarían en el carrizal, comiendo trigo. 
     Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, ella se fijó en él y se rió de su rostro.
       -¡Tu cara es como un higo maduro, está arrugada y fofa!
       -Pues la tuya parece un melocotón sonrosado –contestó el niño también riendo.
     Ella gritó mientras se ponía las manos en la cara. Lloriqueó al comprobar que le ardía mucho, y que estaría muy fea. 
       -Pareces un melocotón maduro –continuó riéndose el chico- como los que le dábamos al abuelo que se quedó sin dientes por comer tantos. 
     Ella se metió la mano en la boca para comprobar que todavía tenía dientes, y vio estupefacta como dos se caían al suelo envueltos en sangre. Lloró. Él la consoló. Fueron al columpio en donde antes el roble daba sombra, cogidos de la mano.
       -No se escuchan los pájaros cantar...