Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
Mostrando entradas con la etiqueta llora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta llora. Mostrar todas las entradas
25 de enero de 2014
Al otro lado del abismo (REC II)
Pero esta vez, ella lloró al salir a la superficie, aunque sus lágrimas se mimetizaron pronto con la espuma del mar. Sabía lo que iba a ocurrir, pero ella era la elegida y tenía que hacerlo. Su canto, esta vez melancólico, atrajo más rápido al navío que se había aproximado a la costa. Las demás criaturas se aferraron con fuerza a las rocas y escondidas sonrieron exhibiendo sus afilados dientes. Esta vez ella pensó en que se llevaría al abismo a algún ser de los que iban en el barco, quizás uno pequeño, con el que poder jugar y esconderlo fácilmente.
8 de octubre de 2012
Ruiseñores mudos
Salieron del refugio cuando se les acabó la comida y el agua. Lo primero que hicieron fue buscar a Roko. Pero no acudió a sus llamadas, seguramente estaría escarbando en las petunias del vecino. El sol brillaba como nunca; hacía calor. Ella dijo que no se escuchaban los pájaros cantar. Él comentó que estarían en el carrizal, comiendo trigo.
Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, ella se fijó en él y se rió de su rostro.
-¡Tu cara es como un higo maduro, está arrugada y fofa!
-Pues la tuya parece un melocotón sonrosado –contestó el niño también riendo.
Ella gritó mientras se ponía las manos en la cara. Lloriqueó al comprobar que le ardía mucho, y que estaría muy fea.
-Pareces un melocotón maduro –continuó riéndose el chico- como los que le dábamos al abuelo que se quedó sin dientes por comer tantos.
Ella se metió la mano en la boca para comprobar que todavía tenía dientes, y vio estupefacta como dos se caían al suelo envueltos en sangre. Lloró. Él la consoló. Fueron al columpio en donde antes el roble daba sombra, cogidos de la mano.
-No se escuchan los pájaros cantar...
21 de junio de 2012
Siempre sacrificio(REC II)
La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha; sin duda, es él. Lo puedo escuchar sorbiendo la sopa que mi madre le prepara todos los domingos. Seguro que se le enganchan dos o tres fideos en su poblada barba, como siempre; él dice que son alimentos para las liendres que habitan en ella. Luego violará a mi madre; ella llorará; él le suplicará perdón. Después vendrá a verme a mi cama con unas gafas oscuras. Me contará un cuento, siempre el mismo; me besará y pinchará la frente; entonces aprovecharé para intentar mirarle a los ojos, aunque siempre me dice que son como los míos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


