Es como sale mejor, tamizando primero
la harina sobre las claras montadas a temperatura ambiente. Así lo
hacía la abuela y así lo haremos nosotras. También hay que poner
ralladura de un limón del limonero donde está enterrado el abuelo.
Y, como no, una pizca de amor. Lástima que de eso ya no nos quede
tanto. Mira a la abuela, sin dientes, sin pelo, con la mirada de su
único ojo perdida en el horizonte. Quizás podríamos empezar con
sus dedos, el índice de la mano derecha, así dejará de hurgarse
tanto la nariz.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
Mostrando entradas con la etiqueta abuelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abuelo. Mostrar todas las entradas
3 de mayo de 2016
9 de junio de 2014
Ángeles (REC 4/4)
-Mucho me temo que vienen a rescatarme los ángeles.
-¿Qué ángeles? ¿Dónde están?
-Si cierras los ojos los verás conmigo.
El niño cerró los ojos junto a su abuelo. A la mañana siguiente despertó en su habitación. Preguntó por su abuelo. Le dijeron que había muerto. No se lo creyó. Fue corriendo a su cama. Al ver que no estaba levantó la almohada donde solía dejarle, cuando se marchaba de casa, pequeñas notas con pequeños cuentos. No encontró ninguna nota; tan solo un puñado de plumas blancas. Blancas, como las alas de los ángeles.
-¿Qué ángeles? ¿Dónde están?
-Si cierras los ojos los verás conmigo.
El niño cerró los ojos junto a su abuelo. A la mañana siguiente despertó en su habitación. Preguntó por su abuelo. Le dijeron que había muerto. No se lo creyó. Fue corriendo a su cama. Al ver que no estaba levantó la almohada donde solía dejarle, cuando se marchaba de casa, pequeñas notas con pequeños cuentos. No encontró ninguna nota; tan solo un puñado de plumas blancas. Blancas, como las alas de los ángeles.
7 de junio de 2014
Púdrete junto a los gusanos (REC 2/4)
Mucho me temo que vienen a rescatarme y yo no quiero. Soy de la antigua usanza.Yo ya estoy muerto y no quiero ir a ningún sitio. Que me dejen en mi tumba en paz. Ahora que los problemas de humedad han desparecido... Y seguro que vendrá toda la familia junta, como Fuenteovejuna, todos a una. Y yo no quiero volver a ver a mi abuelo, que no. Y qué decir de mi nieto, seguro que ha salido a la puta de mi nuera y ha llenado el mundo de indeseables. Que me dejen en paz, con mis gusanos. Lo pone bien claro en mi epitafio.
Etiquetas:
abuelo,
cadena ser,
epitafio,
fuenteovejuna,
gusano,
muerto,
nieto,
nuera
11 de febrero de 2013
Alas para ver (REC II)
Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel. Mamá sonríe mientras la mece. La abuela sigue tejiendo un jersey infinito al ritmo de una nana. El abuelo, con la oreja pegada a la radio apagada, pasa sin leer las páginas del mismo periódico. Papá nos mira a todos con los ojos rojos, sin decir palabra, da miedo. Me acerco a la cuna para intentar ver a mi nueva hermanita, pero no está... nunca está. Entonces giro la cabeza y me miro al espejo que está al lado de la cuna; aún no me han nacido las alas.
14 de enero de 2013
Aquella Navidad
Mamá olía a turrón y, cuando nos sentábamos a cenar en la mesa del comedor la Nochebuena, yo le escarbaba el bolsillo en busca de algún trocito de mazapán que traía de la fábrica. El abuelo afinaba la botella de anís a cada trago que le daba mientras mamá servía el pollo. A mi hermana le daba pataditas bajo la mesa para chincharla. Son algunos recuerdos que me marcaron aquella Navidad. Ver a mi padre borracho intentando trepar por el árbol de Navidad para levantarse y posteriormente sentarse en la mesa insultándonos y pegando a mi madre y a mi hermana...
Siempre he querido inmortalizar aquella escena, aquella última Navidad que pasé con mi padre. Pero ya no es lo mismo. El abuelo, sus cenizas las tengo metidas en la botella de anís que nunca llegó a afinar. Mi hermana sigue pateando, amordazada, queriendo gritar, intentando decir que estoy loco, pero no lo estoy, con los ojos rojos como cuando lloraba al darle un puntapié fuerte bajo la mesa. Y mamá ya no tiene turrón en su mandil, ya no huele a yema tostada ni a mazapán. Es difícil ponerla erguida en la silla, tal vez hubiera sido mejor incinerarla a su muerte como al abuelo. Entonces, cuando todos callan, junto las manos y rezo para bendecir la mesa; y grito, como cuando era pequeño, que las Navidades sin papá, si son posibles.
6 de noviembre de 2012
Cumplir un sueño (Finalista)
Desde que mi padre me lleva a ver partidos de baloncesto, no dejo de soñar en que algún día me convertiré en un gran jugador de básquet, tal vez de la selección, o quizás de la NBA.
Una luz deslumbra todo... la cancha está abarrotada y nada más encenderse los focos el público grita mi nombre. Mis brazos se agitan... gritan mi nombre más fuerte cuando levanto las manos. Mi cuerpo se abalanza hacia adelante... esquivo a mi rival; el partido recién comenzado y mi primer machaque a la canasta. Siento un fuerte golpe... un jugador me agarra por el cuello y me lanza al suelo. Doy varias vueltas... mi cuerpo empapado en sudor resbala por la pista y tras varias vueltas me estampo contra las vallas publicitarias. Unas luces amarillas parpadean, se acercan... el marcador está parpadeando en el último segundo; estamos a un punto para ganar; tengo que encestar los dos tiros personales; boto la pelota. Miro a mi madre... está callada, no me mira. Miro a la izquierda... mi padre tampoco me mira, parece triste; tengo que encestar y ganar para hacerlo feliz. Me cuesta respirar... mantengo la respiración mientras lanzo y encesto. Dejo de respirar; miro a mi madre y a mi padre; y lo entiendo todo... miro arriba y veo a mi abuelo; salto hacia el cielo rompiéndolo en mil añicos; quiero abrazarlo desde las estrellas; no me deja; me dice que aún no ha llegado mi hora; que luche; que cumpla mi sueño.
8 de octubre de 2012
Ruiseñores mudos
Salieron del refugio cuando se les acabó la comida y el agua. Lo primero que hicieron fue buscar a Roko. Pero no acudió a sus llamadas, seguramente estaría escarbando en las petunias del vecino. El sol brillaba como nunca; hacía calor. Ella dijo que no se escuchaban los pájaros cantar. Él comentó que estarían en el carrizal, comiendo trigo.
Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, ella se fijó en él y se rió de su rostro.
-¡Tu cara es como un higo maduro, está arrugada y fofa!
-Pues la tuya parece un melocotón sonrosado –contestó el niño también riendo.
Ella gritó mientras se ponía las manos en la cara. Lloriqueó al comprobar que le ardía mucho, y que estaría muy fea.
-Pareces un melocotón maduro –continuó riéndose el chico- como los que le dábamos al abuelo que se quedó sin dientes por comer tantos.
Ella se metió la mano en la boca para comprobar que todavía tenía dientes, y vio estupefacta como dos se caían al suelo envueltos en sangre. Lloró. Él la consoló. Fueron al columpio en donde antes el roble daba sombra, cogidos de la mano.
-No se escuchan los pájaros cantar...
14 de mayo de 2012
Cuentos.
Ilustración de JuanLu. http://dididibujos.blogspot.com.es/
Portada del libro: / Antología de TripeC
Anoche mi abuelo me contó una historia muy particular, de cuando era joven y viajaba por todo el mundo contando cuentos a los niños. Me impresionó cuando dijo que una vez reunió a un millón de niños de todos los países y les contó mil cuentos en un solo día. No le creí, es imposible que todos ellos entendieran lo que él les contaba, pues cada niño sólo comprendía su propio idioma, el de su país natal. Esta mañana, mientras me tomaba un tazón de cacao humeante, me contó un cuento, uno muy cortito. Entonces comprendí porqué los niños lograron entender aquellos cuentos; estaban narrados en un lenguaje muy especial: la lengua de los cuentos.
12 de abril de 2012
Para el arrastre (REC)
-Con nuestro mecánico de confianza no pasaban estas cosas.
-¡Y qué razón tienes, amigo!
-Aunque teníamos que esperar más... enseguida daba con el problema. ¡Era un buen hombre!
-Si... un gran tipo. ¡Muy majo!
[...]
-Mira tú... a sus 38 años, el de arriba se lo ha llevado.
-¡Cosas de la vida!
[...]
-¿Y tú, a qué has venido esta vez?... ¿Otro pinchazo?
-¡Nada!, cosa sin importancia. Un catarro primaveral. Ya me lo dice mi nieto ¡Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo!
-¡Benito!, eso es lo que tú le dices a él.
-¡Pues eso!... hasta el cuarenta de mayo.
-¡Y qué razón tienes, amigo!
-Aunque teníamos que esperar más... enseguida daba con el problema. ¡Era un buen hombre!
-Si... un gran tipo. ¡Muy majo!
[...]
-Mira tú... a sus 38 años, el de arriba se lo ha llevado.
-¡Cosas de la vida!
[...]
-¿Y tú, a qué has venido esta vez?... ¿Otro pinchazo?
-¡Nada!, cosa sin importancia. Un catarro primaveral. Ya me lo dice mi nieto ¡Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo!
-¡Benito!, eso es lo que tú le dices a él.
-¡Pues eso!... hasta el cuarenta de mayo.
Etiquetas:
abuelo,
arrastre,
cadena ser,
mecanico
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








