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5 de mayo de 2026

El viaje de la barca hacia la Torre de Marfíl.


Las olas apenas los balancean. El volcán está apagado. Las cascadas solo forman unas finas gotas de agua. Dragones, tiburones y bestias antiguas permanecen inmóviles. Al final del recorrido de la atracción bajan y sus caras lo dicen todo. Mucha gente abandona la cola y la barca ya no deja subir a nadie. Pero una niña inquieta ve su nombre escrito en ella. Sin pensarlo dos veces, con mucho valor y coraje, se monta corriendo. Cierra los ojos, y con la barca, y su imaginación, va directa al mundo de Fantasía.

25 de octubre de 2016

Reflejos (REC)


Al otro lado de la ventana vive un tipo bien arreglado, con la mirada puesta en mí y con una inquietante sonrisa en su rostro. La única diferencia entre nosotros es que él irá a trabajar y yo a por el quinto ciclo de quimioterapia. Añoro aquel día en el lago en el que era yo el reflejo en el agua. Desde entonces busco cualquier reflejo mio en cualquier sitio que se atreva a intercambiarse, sobre todo el del espejo del baño, que siempre se limita a decir que tengo buena cara. Los días pasan y, mientras yo me apago, mi reflejo no deja de brillar.

8 de octubre de 2012

Ruiseñores mudos




     Salieron del refugio cuando se les acabó la comida y el agua. Lo primero que hicieron fue buscar a Roko. Pero no acudió a sus llamadas, seguramente estaría escarbando en las petunias del vecino. El sol brillaba como nunca; hacía calor. Ella dijo que no se escuchaban los pájaros cantar. Él comentó que estarían en el carrizal, comiendo trigo. 
     Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, ella se fijó en él y se rió de su rostro.
       -¡Tu cara es como un higo maduro, está arrugada y fofa!
       -Pues la tuya parece un melocotón sonrosado –contestó el niño también riendo.
     Ella gritó mientras se ponía las manos en la cara. Lloriqueó al comprobar que le ardía mucho, y que estaría muy fea. 
       -Pareces un melocotón maduro –continuó riéndose el chico- como los que le dábamos al abuelo que se quedó sin dientes por comer tantos. 
     Ella se metió la mano en la boca para comprobar que todavía tenía dientes, y vio estupefacta como dos se caían al suelo envueltos en sangre. Lloró. Él la consoló. Fueron al columpio en donde antes el roble daba sombra, cogidos de la mano.
       -No se escuchan los pájaros cantar...